Guías Homiléticas
 24 abril / II DOMINGO DE PASCUA
/ Hch 5, 12-16 / Sal 117, 2-4.22-24.25-27a / Ap 1, 9-11a.12-13.17-19 / Jn 20, 19-31 
Del santo Evangelio según san Juan
 

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a ustedes”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos”. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a ustedes”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Contestó Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto”. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
      

Palabra del Señor

DOMINGO DE LA MISERICORDIA

EL ENCUENTRO CON EL RESUCITADO

TOMAS: “NO SEAS INCREDULO, SINO CREYENTE”

San Lucas, el autor de los Hechos de los apóstoles, presenta un sumario de la vida y el  crecimiento de la comunidad, el texto dice: “signos y prodigios”, para hacer énfasis en la vida y obra de Jesús, esto indica que los frutos del resucitado tiene que ver con la fe en Pedro y los signos que lo acompañaban. La canción inspirada en este texto dice: “con la sombra de Pedro los enfermos se sanaban, no era la sombra ni tampoco Pedro, era porque Pedro tenía el Espíritu del Nazareno…”, esto es, lo que era palpable en las primeras comunidades, la autoridad y fuerza por sí misma del resucitado.  

La vocación del profeta es consolar, testimoniar y ayudar a tener fe en momentos difíciles, este género literario hace parte las visiones que se dirigen a las siete iglesias, hace referencia al cordero degollado que es Cristo inmolado por nuestra liberación, que está vivo: es el ausente-presente hasta el fin de los tiempos, que acompañará a todos los creyentes, esto es, que en medio de la persecución alcanzarán su salvación los que perseveren. Sí Jesús, fue perseguido, muerto y resucitado, nosotros tenemos la certeza que también seremos perseguidos, pero debemos contemplar al cordero degollado, que está vivo y sentado en el trono todopoderoso, con las llaves sobre la muerte, sobre el pecado y las tinieblas, somos una Iglesia que espera y aguarda en la victoria de su venida definitiva (segunda venida).   

El evangelio de este segundo Domingo, nos presenta a Jesús resucitado, no es un fantasma, porque los vestigios son visibles, las llagas son muestra que está vivo. El contexto se da en el día primero de la semana, con los siguientes signos y señales:

La casa, es el lugar preferido de las reuniones, la casa (Oikos: espacio íntimo, vital, común), representa el lugar íntimo del compartir la fraternidad, es el espacio vital, se comparte la vida y la fe… pero tienen la puerta cerrada por miedo a los judíos, seguro que es el lugar donde se refugian, porque todavía no han comprendido o no han elaborado lo que ha acontecido… necesitaran tiempo, fe, saber hacer silencio… es el momento más espectacular para vivir la incertidumbre entre la oscuridad (anochecer) y la claridad (amanecer), esto se puede comprender en la vida de todos los creyentes, cuando sabemos hacer silencio, no es un silencio cómplice del mal,   ni es un silencio por ausencia de fe, es el momento necesario para pensar, saber estar en silencio, las palabras se agotan, no salen… están asombrados, perplejos, con miedo a lo externo, pero el Señor resucitado los va a sacar de esta situación de temor.

Jesús resucitado en medio, es una experiencia única, está ausente-presente, está vivo, no se ha ido, está en medio de la comunidad, seguro los discípulos lo reconocen, es el camino de la fe: que pasa por el miedo, lo incierto, el silencio, la soledad, el abismo oscuro… a la certeza que ven: no es un fantasma, lo pueden ver, que en el evangelio de san Juan, sintoniza con el creer, si vemos, creemos, si creemos, vemos.  

LOS REGALOS Y LOS FRUTOS DEL RESUCITADO

La paz es un don de Dios, no es un concepto bonito, no es un tratado o acuerdos humanos, este mensaje toca lo más profundo del corazón íntegro (corporal-emocional-espiritual), porque es una experiencia pascual (como un encuentro con Jesús vivo), aunque pensemos que la paz es ausencia de conflictos o ausencia de guerras (pensemos lo que atraviesa la humanidad en el momento Rusia-Ucrania), no es la verdadera paz la ausencia de estas situaciones, es la paz verdadera que viene a traer Jesús resucitado (el mal será vencido no por acuerdos, sino por el resucitado), porque es un don de Dios que se da en la comunidad, es la pascua, el paso de Jesús que trae consigo la paz. Esta paz trae consigo los vestigios palpables de sus manos y costado abierto, las llagas traspasadas son los vestigios que no es un fantasma, está vivo, ellos se llenan de alegría, este es el fruto de la paz verdadera. Por eso, en estos días de crisis, pidamos al resucitado que ponga en cada corazón la paz, aunque el conflicto sea inevitable, la paz viene acompañada de la alegría de sabernos acompañados por Jesús resucitado.

Les vuelve a repetir por segunda vez paz a Ustedes,   de manera insistente les dice otra vez, ya no está ausente, está presente porque está vivo, es el Padre que lo envió, como estaba escrito, como promesa de salvación ahora los invita no solo a ser testigos directos porque ven y escuchan, sino que  deben ir y testimoniarlo en la comunidad, así mismo los envía con el fruto del soplo, reciban el Espíritu Santo, es el mismo soplo de la creación, dio vida, sólo que ahora re-crea la vida y acompaña este mandato de re-conciliación y misión: a los que les perdonen los pecados les quedan perdonados… es el ministerio de reconciliación y sanación del principal mal, el pecado que obstaculiza el plan de Dios.

Un gran problema surge en la comunidad reunida, no estaba Tomás el día del Señor, no interesa preguntar sobre su ausencia, al autor le interesa es vivir con Tomás el camino de la fe en el resucitado, es la experiencia pascual que lo tocará y lo sanará.

Tomás dice: hasta no ver no creer, es el primero paso de la fe, ver para creer, efectivamente, a los ocho días siguientes, el día del Señor se aparece de nuevo y le dice: “Tomás” lo llama por su nombre, como a María Magdalena, lo que quiere decir que es una fuerte experiencia cercana de amistad, lo llama como lo llamo por primera vez a seguirlo, lo vuelve a llamar de nuevo, le re-nueva su llamado, esto es, el paso necesario que debe dar en su vida, el texto hace énfasis que no estaba en comunidad: “¿Estaría solo?”, las barrera para no ver es la ausencia de la vida en la comunidad, puede ser también las seguridades humanas como las barreras para no ver al resucitado, también querer racionalizar el misterio de la fe o querer hacerlo todo empírico: hasta no ver (tocar, palpar) no creer. Pero, digamos que estas barreras son las oscuridades e inseguridades en las que vivimos, la incertidumbre para abrir el corazón a lo nuevo y verdadero, porque no queremos soltar las seguridades que tenemos: mientras que María lo quiere retener, Tomás lo quiere ver y palpar para creer. Estas seguridades son muy humanas y el resucitado que las comprende las supera desde su divinidad en la comunidad creyente.  

Mete tu mano en mi costado, toca, palpa… son momentos estremecedores, complejos… para cualquier persona bastaba con ver, pero Tomas, le cuesta creer hasta no tocar con sus propias manos, es el paso que le faltaba, ver que no es un fantasma, Jesús le muestra los manos y el costado traspasado, se da una profunda experiencia de encuentro con el resucitado, sana su corazón incrédulo, lleno de dolor, el resucitado trasforma el dolor por amor.

Jesús le dice: “no seas incrédulo, sino creyente”, mientras que María lo quiere retener, le dice: “suéltame que todavía no he subido al Padre”, Tomás palpa con sus propias manos las llagas y el costado abierto de Jesús, ya no existe dolor, porque lo toca no para retenerlo como María, sino para que vea y crea, toca para creer, se da cuenta que es verdad, está vivo.  Nosotros estamos en el lugar de Tomás, necesitamos ver y palpar, corroborar las heridas de Jesús, para sanar nuestras heridas profundas. No todo es seguro, necesitamos palpar las heridas y sentirlas como nuestras heridas abiertas que deben sanar.

El resucitado, acontece sanando cada corazón que necesita sentirse amado, sanado, transformado, para vivirlo y hacerlo vivible en comunidad, solamente el que ha pasado por una experiencia del resucitado, puede sentarse a la mesa del amor y el perdón, a veces necesitamos como Tomás un remezón en nuestra fe, para poder sanar nuestras heridas desde sus mismas heridas, necesitamos vivir esa misma experiencia en nuestra vida… Tomas respondió: “Señor mío, Dios mío”, ahí pudo comprender palpando y sintiendo que Jesús sana por dentro sus heridas, su falta de fe. Seguro se le abrieron los ojos de la fe, pudo ver, sentir, palpar y experimentar en vivo y directo, la certeza de la fe: Jesús no es un fantasma, está vivo y está en medio de la comunidad.    

Nosotros celebramos la pascua del resucitado cada Domingo, este domingo es la misericordia y Tomás representa el paso del incrédulo al creyente; y nosotros queremos ser como Tomás para ver y palpar las heridas profundas de nosotros y  así sanarlas por su puro amor. Dichosos nosotros que sin haber visto hemos creído, convirtiéndonos en testigos de la resurrección.

CAMINO SINODAL

En una palabra: la cultura del encuentro, es el encuentro entre Jesús y la comunidad reunida, donde acontece el resucitado como una experiencia viva, un encuentro pascual con Jesús vivo, ausente-presente en la comunidad, presente en la vida de cada persona, ausente en la vida de muchas personas como Tomás por su incredulidad, hasta no ver no creer, y Jesús le permite tocar y palpar para sanar sus heridas profundas de su ser, es la invitación a cada uno de nosotros que sin Él no podemos hacer nada, y sin comunidad nos refugiamos en nuestras seguridades  (humanas, falencias, miedos, temores, desesperanza…) que no nos ayudan a acrecentar nuestra fe. Cuando compartimos nuestras crisis, dificultades e incertidumbres empezamos a caminar hacia la meta de nuestra vida: la fe pascual que se comparte cada domingo en comunidad y nos permite saborear la plenitud del cielo en la tierra, cada vez que comemos de este pan y este vino, anunciamos tu muerte y resurrección, esto es, renovamos nuestra fe y decimos “Dios mío, Jesús mío” hasta que vuelva.

 

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm 
Sacerdote Eudista

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