¡TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA!


 Guías Homiléticas
22 agosto / XXI Domingo Ordinario	
/ Jos 24, 1-2a.15-17.18b / Sal 33 / Ef 5, 21-32 / Jn 6, 60-69 
Del Evangelio según san Juan

Después de oír las palabras de Jesús acerca del pan de vida, muchos de sus discípulos dijeron: “¡Qué enseñanza tan difícil! ¿Quién puede entenderla?”.
Jesús, sabiendo que sus discípulos criticaban sus palabras, les dijo: “¿Esto les hace tropezar en la fe? ¿Y cuando vean al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es el que da vida; la sola carne no sirve para nada. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen”. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a traicionar. Entonces añadió: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si mi Padre no se lo concede”.
Desde ese momento, muchos de sus discípulos lo abandonaron y no siguieron con Él. Entonces les dijo Jesús a los Doce: “¿También ustedes quieren irse?”.
Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a ir? ¡Tú tienes palabras de vida eterna! Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

Palabra del Señor

Este domingo de la semana veintiuno del tiempo ordinario el apóstol Pedro le dice a Jesús: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios”.

Este es el reconocimiento de un discípulo del Señor que debe ser nuestra insignia en la cotidianidad. Reconocer a Jesús como nuestro camino que nos da la Vida y la Verdad.

Jesús es el guía de nuestra existencia

Pedro hace una invocación: “Señor”. Reconocer a Jesús como nuestro Señor es de por sí obra del Espíritu que nos guía. Por ello, debemos invocar el Espíritu de Dios para que nos conduzca a la contemplación y a la alabanza del Nombre de Jesús. Luego, el Apóstol pregunta ¿a quién iremos? Es decir, sin Jesús nuestra vida entra en una desorientación. Jesús es el guía de nuestra existencia y siempre debo recurrir a su presencia salvadora para darle sentido a nuestro camino porque así llegaremos al mejor puerto. A continuación, afirmo: Tú Tienes palabras de vida eterna. Quiero resaltar especialmente el término “palabras”. La usa en plural. ¿Cuáles son las palabras que Jesús ha enseñado que dan la Vida eterna? ¿Por qué el Apóstol reconoce que en las palabras de Jesús hay Vida eterna? Recuerdo con especial cariño el discurso de la montaña donde enuncia cada una de las Bienaventuranzas como una ruta adecuada para la vida. Ese mensaje es poderoso y si lo aplicáramos en nuestra cotidianidad estaríamos alcanzando la perfección cristiana que debemos testimoniar.  Pero este mensaje está en el marco de una incredulidad, ellos decían después de la enseñanza: “¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?” El evangelio no nos dice cuál era el mensaje de la predicación y nos enseña esta incredulidad de los discípulos. En medio de las “seducciones” del mundo que intentan desviar la atención hacia Jesús y que no nos permite reconocerlo en su Palabra encontramos esta declaración de Pedro, quién lo haya negado tres veces aquella fatídica noche. Reconocer el camino que nos brinda el Señor es seguirlo para la Vida eterna sin importar nuestra debilidad.

La vida eterna es el amor

Una propuesta muy interesante está en la segunda lectura: El apóstol Pablo hace un símil entre el marido y la mujer y la Iglesia. E invita a los esposos amarse como Cristo ama la Iglesia.  La propuesta para la vida eterna es el amor, entre las familias y a la comunidad. Servimos al Señor (como nos lo muestra la primera lectura) para obtener la Vida eterna. Construir comunidad cristiana imitando la primera comunidad cristiana cuando llega el día de Pentecostés que nos relata los Hechos de los Apóstoles es el reto en nuestra actualidad para vivir plenamente nuestra cristiandad.

En su acción pastoral, el Papa Francisco no estima esfuerzo por reconciliar al género humano en medio de la ferocidad del mercado donde no se estima la dignidad de las personas sino su nivel de productividad. Y esta pandemia ha desnudado esa desmesurada desigualdad. Ver al otro como hermano, como un semejante que necesita de la ayuda de los samaritanos es lo que nos hace más y mejores cristianos. Si nos amamos como miembros de una misma comunidad que debe apoyarse mutuamente lograremos la Vida eterna. Aplicaremos las palabras que nos da la vida eterna que reconoció Pedro y con las cuales iniciamos esta reflexión.

Aporte Pastoral

Invito para que todos leamos la encíclica Frattelli Tutti del Papa Francisco sobre la amistad social.  A continuación, presento el numeral uno de la encíclica.

1. «Fratelli tutti», escribía san Francisco de Asís para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio. De esos consejos quiero destacar uno donde invita a un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio. Allí declara feliz a quien ame al otro «tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está junto a él». Con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite.

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm 
Sacerdote Eudista

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