AY DE “CUALQUIERA QUE HAGA TROPEZAR A UNO DE ESTOS PEQUEÑOS QUE CREEN EN MÍ” (MATEO 18, 6)


La cita inicial de Mateo nos recuerda el encuentro sobre la protección de menores en la Iglesia, convocado y presidido por el papa Francisco del 21 al 24 de febrero de 2019 en el Vaticano.

Al terminar este encuentro, el papa Francisco pronunció un discurso muy importante en el que ampliaba su mirada al mundo contemporáneo, observando la plaga de los abusos sexuales y de la violencia contra los menores y sobre las personas vulnerables en todo su horror: “La gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades”. Esta afirmación no disminuye ni relativiza la gravedad del problema eclesial, como algunos medios de comunicación lo han querido ver, sino que ayuda a contextualizarlo y a entender cómo en el empeño por una renovación de la Iglesia, esta es una premisa necesaria para que ella pueda, con credibilidad y eficacia, participar en la lucha de la comunidad entera por la dignidad de los menores. El Papa ha dicho: “Principalmente porque muchos casos de abusos sexuales a menores no son denunciados, en particular aquellos numerosísimos que se cometen en el ámbito familiar”.

Son muchas las facetas desde donde se quieren enfrentar los casos de pedofilia en la Iglesia, sin embargo, nos parece bien que el papa Francisco, como también lo hiciera el papa Benedicto XVI, con coraje sitúen, desde la perspectiva espiritual, la horrible realidad y la violencia del abuso contra los menores y los más vulnerables. Es una lectura que el mundo secularizado no permite hacer, pero que es de suma importancia para la Iglesia. Frente a esta problemática, el papa Francisco sostiene que “humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús”. Y continúa: “¿Cuál es, por tanto, el ‘significado’ existencial de este fenómeno criminal? Teniendo en cuenta su amplitud y profundidad humana, hoy no puede ser otro que la manifestación del espíritu del mal. Si no tenemos presente esta dimensión estaremos lejos de la verdad y sin verdaderas soluciones”. Por eso, para combatir esta batalla, que tiene que encontrar firme decisión y voluntad en los obispos y superiores de comunidades religiosas, “debemos tomar todas las medidas prácticas que nos ofrece el sentido común, las ciencias y la sociedad, no debemos perder de vista esta realidad y tomar las medidas espirituales que el mismo Señor nos enseña: humillación, acto de contrición, oración, penitencia. Esta es la única manera para vencer el espíritu del mal”, sostiene el Sumo Pontífice.

Además, hay que tener en cuenta, de ahora en adelante, el documento Vos estis lux mundi, del 19 de mayo de 2019, el cual se debe seguir al pie de la letra si se quiere una Iglesia que desee luchar por la dignidad de los menores y los más vulnerables. En este campo llegó el momento de la acción y de la firmeza a la hora de tomar decisiones. ¡El ejemplo empieza por casa!

Por: Pbro. Martín Alberto Sepúlveda Mora, ssp 
Sacerdote Paulino

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