UN GRAN PROFETA APARECIÓ EN MEDIO DE NOSOTROS


 Guías Homiléticas
25 julio / XVII Domingo Ordinario	/ 2R 4, 42-44 / Sal 144 / Ef 4, 1-6 / Jn 6, 1-15
Del Evangelio según san Juan

Uno de los discípulos de Jesús, Andrés, el hermano de Simón, le dijo: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. ¿Pero qué es esto para tanta gente?”. “Hagan que la gente se siente en el suelo”.

Palabra del Señor

Felipe en nuestra comodidad

San Juan presenta el diálogo con Felipe. Es importante señalar que a san Juan, el diálogo es fundamental es la misión de Jesús (así mismo ocurre en el diálogo con Nicodemo, la Samaritana, vocación de los primeros discípulos, discursos Cenáculo). Pero para Felipe el Éxodo fracasa, porque él piensa en saciar el hambre, hay mucha gente que piensa que existen imposibles para su concepción o comprensión limitada, cuántos de nosotros ante cualquier problema, antes que sucedan las cosas ya pensamos en el fracaso, porque no queremos pensar de manera positiva y abrir nuestro corazón al proyecto del Señor. Tal vez cerrados como Felipe en nuestra comodidad. Felipe seguía aferrado a las categorías de la tradición judía (era inevitable ver el contraste entre la ida a Jerusalén de acuerdo a la tradición y la alternativa del Jesús como el nuevo éxodo, al lado del lago). Quiero que pensemos un momento en la vida, sobre lo que significa para Felipe seguir la alternativa para su forma de pensar (desde el judaísmo) y romper con la tradición de su mismo pensar. Pero lo más interesante es que el dialogo pasa a profundidades indescriptibles con solo una ojeada del texto.

Cinco panes de cebada y dos peces

El diálogo con Felipe, en donde con una ojeada a la multitud, calcula que no bastarán para abastecer aquella turba 200 denarios para que cada uno reciba un pedacito. El denario en la época de Cristo era el sueldo diario de un trabajador (Mateo 20,2). Así, 200 denarios, repartidos entre 5.000 hombres, venían a corresponder a denario por cada 25 hombres. A los que había que añadir las mujeres y niños. La cantidad de dinero que él ha calculado (doscientos denarios, más de medio año de jornal) no bastaría para cubrir la necesidad, sino solamente para engañar el hambre (un pedazo). Para Felipe, el éxodo fracasa. Imposible para cualquier matemático moderno o cualquier persona que piense en cifras a nivel económico. Muchos pensamos en las consecuencias de alimentar tanta gente y miramos nuestros recursos, materiales, y pensamos que serían muchos denarios para tanta gente, pero Jesús “ve” de otra manera. Las frases principales El muchacho, seguramente era uno de esos pequeños vendedores ambulantes que siguen a las turbas, y que tenía ya solamente «cinco panes de cebada y dos peces». Pero esto no era solución para el problema del hambre y necesidad de esta gente. Pero todo esto, tiene como contexto el desierto, el hambre y la sed de todos los hombres se dan en momentos de necesidad, aquí hay un momento de necesidad, pensemos en el valor del desierto y en el valor de hambre que tenemos para ser saciados por el Señor.

a) El pan El «pan de cebada», matiz propio de Jn, era el alimento de la gente pobre de aquella época, pareciera que este énfasis tuviera algo que ver con la comida de paso, con el pan como signo y símbolo de alimento básico en un hogar, comunidad y pueblo. Pensemos que sería de nuestra vida sin pan, esto es sin comida. Hasta los pobres o los más necesitados tiene acceso al pan. Ahí encontramos una clave del relato, esto nos hace pensar en nuestra vida, si nosotros tenemos pan, tenemos vida, tenemos alimento, y cuanta gente muere por no tener pan, lo mínimo, pero tan indispensable.

b) Los peces Por «peces» pone el término opsárion, diminutivo de ópson, que significa, originariamente, un alimento preparado sobre el fuego y que luego se toma con pan, sobre todo del pescado. De esta palabra vino por el uso a ser sinónimo pescado, sobre todo en el contexto de Juan (Jn 21,9.10.13). Estos pequeños «peces» acaso fuesen pescado seco en salazón o preparados ya para la venta. En esta época existía en Tariquea, al sur del lago, una factoría de salazón de pescado.

c) Partió los panes Aunque no tiene los propios ritos eucarísticos como alzar la mirada al cielo, bendecir, que si tienen los sinópticos, Juan recoge que Cristo «partió» los panes. Rito usual que realizaba el paterfamilias en la cena pascual y que él mismo distribuía luego a los comensales. Juan recoge la orden de Cristo dándolos a los apóstoles (sinópticos) para que ellos los repartan. La acción de gracias de Jesús introduce un nuevo personaje, Dios Creador-Padre. Pronunciar la acción de gracias significa reconocer que algo que se posee es don del amor de Dios y alabarlo por ello. Y al reconocer que el origen de los panes está radicalmente en Dios, quedan desvinculados de su poseedor humano para convertirse en bien de todos, como la creación misma.

d) Recogieron “doce cestos” de sobras Era costumbre de los judíos recoger, después de la comida, los pedazos caídos a tierra. Había en esa costumbre un respeto religioso a Dios, dador del pan de cada día. El hecho de recogerse aquí las sobras del pan sobrante tiene una finalidad apologética, como se ve por referir este detalle los tres sinópticos: constatar Bien y garantizar el milagro. Pero aquí este recoger los restos podría responder a la tipología eucarística, tal como se lee en las Constituciones Apostólicas (1.8 c.3):

«Cuando todos hayan comulgado, que los diáconos recojan lo que sobró y lo pongan en el pastoforia».

Se recogieron «doce cestos» de sobras, que parecen corresponder a uno por cada apóstol. Pero Juan destaca que estos fragmentos de pan «eran de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido»; es decir, la multiplicación prodigiosa era de la misma naturaleza que el otro pan. Se piensa que pueda ser otro rasgo tipológico de la Eucaristía: todos «comen de un mismo pan» (I Cor 10,17).

Recordemos que el poeta latino Marcial llama a los judíos «cistíferos», o portadores de cestos, y Juvenal los describe como gentes cuyo ajuar son el cesto y el heno: «quorum cophinus foenumque suppellex». En aquella época las expectativas mesiánicas superaban cualquier imagen verdadera del Señor, por una parte esperaban un rey como el de David, prospero y rico materialmente, por otra la expectativa del pueblo era que el Mesías que venía, muchas veces tenían clara la diferencia entre el profeta y el Mesías, otras se confundían entre las dos, pero lo cierto es que esta expectativa les evocaría en éxodo del A.T., donde llovió pan en el desierto, y entonces el Mesías sería quien provocaría una lluvia prodigiosa de maná. Esta multiplicación de los panes les evoca esto, y quieren venir para «arrebatarle», forzarle y «hacerle rey». Pero todo aquel plan de precipitación y anticipación mesiánica fue desbaratado por Cristo. Ni aquel mesianismo material era el suyo (no era rey), ni aquella su hora (el plan es de Dios y el tiempo es de él, o mejor el momento de la pasión, muerte, resurrección y glorificación). «Se retire El solo hacia el monte» para evitar todo aquello y pasar la noche en oración. Esa no era su misión, pues su misión no es venir por las expectativas del pueblo, sino por el plan del padre, por el proyecto no del pueblo sino del Señor.

Aporte pastoral

Lo que nosotros debemos pensar hoy: los niños y las mujeres como grupos de excluidos o de poca importancia para dar testimonio, o para ser tenidos en cuenta a nivel social, pensemos en los que son excluidos de la sociedad, marginados de la comida del reino, no tenidos en cuenta para recibir alimento, los que no pueden y no tienen la posibilidad de alimentarse con su cuerpo y sangre. Todo apunta a la celebración de la Eucaristía como sacramento de amor, de perdón, de alimento para la vida eterna, de generosidad a partir de lo poco que tenemos para saciar el hambre y sed de justicia, la esperanza de nuestros pueblos que viven con hambre de esperanza, que luchan por lo mínimo: una dignidad de persona y unos derechos de trabajo para alimentarse a diario.

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm 
Sacerdote Eudista

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