Guías Homiléticas

22 de Mayo / VI DOMINGO DE PASCUA

/ Hch 15, 1-2.22-29 / Sal 66, 2-3.5.6 y 8 / Ap 21, 10-14.22-23 / Jn 14, 23-29

Del santo Evangelio según san Juan 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Les he hablado de esto ahora que estoy a su lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien se lo enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho. La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe su corazón ni se acobarde. Me han oído decir: “Me voy y vuelvo al lado de ustedes”. Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean”.

Palabra del Señor.

EL MOTOR DE NUESTRAS RELACIONES ES EL AMOR DE DIOS

El primer concilio de Jerusalén se da en la discusión entre Pablo y Bernabé con los apóstoles, el tema central es la circuncisión, el rito desde Moisés con unas implicaciones jurídicas, lo interesante es que les todo discernir el bien de los recién conversos, llegando a la conclusión, por la gracia del Espíritu Santo no imponer más cargas que las que ya tienen. 

La Iglesia en sus inicios, deja ver que el autor del libro del Apocalipsis, tiene la visión de la ciudad santa de la gran Jerusalén, con los números simbólicos que significan la comunidad de creyentes, doce (12) puertas y sobre ellas doce (12) ángeles; y las doce (12) tribus de Israel, toda la historia del pueblo caminado hacia la victoria del Señor sobre el mal, los doce (12) apóstoles que representan la Iglesia que triunfa en todos los tiempos sobre las fuerzas del mal. La Jerusalén celestial tiene doce (12) puertas, son doce (12) perlas, son las doce (12) tribus, por ellas no entra nada impuro, ni quien haga cosas odiosas ni engañosas, sólo entran quienes tienen su nombre escrito en el libro de la vida del Cordero. (Ap. 21, 12) Esto nos cuestiona porque  “no basta decir “Señor, Señor” para entrar en el Reino de los cielos. Hay que hacer la voluntad de Mi Padre que está en los cielos” (Mt 7, 21)  Vengan benditos y entren al Reino preparado para ustedes, porque tuve hambre y me diste de comer… (Mt 25, 36-41). Lo cual se quiere decirnos que la persecución de la Iglesia en los primeros siglos fue inevitable, lo particular de este libro es que en medio de la crisis y la situación que atraviesa la Iglesia sea un mensaje de esperanza: la Jerusalén celestial. Es una voz de animo a la comunidad en medio la persecución, esa voz resuena en nuestra Iglesia y comunidad, esa voz resuena en que nuestra meta debe ser la nueva Iglesia (el pasado, el presente y el futuro está en manos de Dios) que está iluminada por el cordero y resplandeciente de su gloria (la Iglesia presente será transformada por el Señor) .  

EL VERDADERO VALOR DEL AMOR DE DIOS

Dice Jesús:  “El que me ama guardará mi palabra”. Acercarse al Evangelio, meditarlo y encarnarlo en nuestra vida cotidiana es la mejor manera de conocer a Jesús y difundir sus mandamientos.  Me parece que el amor es el centro de todo, san Bernardo nos habla de un amor incondicional, los santos nos sitúan ante el amor puro y verdadero… todo esto nos habla del tipo de relación que tiene Jesús con sus discípulos, es una relación íntima y profunda. El me ama guarda mi palabra y el que me ama, ama al Padre, este tipo de relaciones y encuentros que miden la calidad de las relaciones y de los verdaderos encuentros y reencuentros hoy:

  • - Las relaciones lejanas:

    En nuestras comunidades, existen relaciones frías, sin calor humano, a veces la comunidad es huérfana, acéfala (a diferencia de la promesa que no nos dejará huérfanos (Jn 18, 15))… el papa Francisco pide que vayamos a la periferia (véase la reflexión de su posición vigente del papa hoy: frente a la posibilidad de crear una cultura de servicio y no una cultura de descarte), buscar los lejanos, los lugares de pecado y miseria, de exclusión y sufrimiento, de enfermedad y soledad: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom 5,20).

  • Las relaciones esporádicas y frías

    como la relación con la tecnología, que es fría y utilitarista, deshumaniza y en nuestras relaciones son deshumanizadas (nos interesan más los números… la economía, el poder y la tecnología por encima del hombre como un fin y no como un medio que nos debería humanizar), es algo que el papa Francisco nos ha descrito: Dios nos pide que nos atrevamos a crear algo nuevo… hay que bajar la velocidad, tomar conciencia y diseñar maneras mejores de convivir en este mundo, dejar de ser fríos, en palabras del papa Francisco: “Las discrepancias, el orgullo y la envidia también pueden dejar una señal en el hermoso rostro de la Iglesia… cuántos se han alejado porque no han sentido aceptados comprendidos y amados. Cuántos se han alejado de la parroquia o comunidad, por ejemplo, a causa de los chismorreos, los celos y la envidia que también hay en ellas. Saber amar no es algo que se adquiere para siempre ” (Papa Francisco, El evangelio del Domingo, ed. Planeta, P. 185). La verdadera relación no debe ser “utilitarista”, ni “materialista”… debe ser una relación más humana y fraterna, como lo dice el papa saber amar se adquiere en la cercanía, el encuentro, el ver, tocar y palpar, es como reconocemos que por más virtual que sea un encuentro, hace falta algo y es volvernos a reencontrar en comunidad como hermanos. La comunidad no está dada, debemos construirla, al igual que la parroquia e incluso la familia, nada está dado, sino se construye en las confrontaciones y relaciones cercanas.

  • - Las relaciones cercanas:

    nuestra santa madre Iglesia nos engendra en el bautismo, nos cría en su comunidad y posee características propias de la maternidad, como la benevolencia y la bondad. Esto es una gracia, Jesús tenía con sus discípulos una relación basada en la ternura, en el amor, en el conocimiento recíproco y en la promesa del paráclito; desde el bautismo, nacemos a una verdadera vida espiritual, nuestro motor y razón de ser es el amor, lo que mueve al mundo, lo que nos debería mover a todos es el amor de Jesús y su promesa “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10).

EL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo es el motor de la Iglesia, es la promesa de Jesús que nos lleva a identificar el “tipo” de relaciones que tenemos entre los cristianos y de las relaciones humanas.   Se trata de basar nuestra confianza en el amor, dar calidad de vida es saber amar.  No basta con “dar” amor, existen personas que piensan que dan amor, porque hacen un ejercicio de caridad, o cumplen con una obra de misericordia… el que da recibe, es la lógica de Jesús, no estamos haciendo un favor a algo o alguien, esto me lo ha ayudado a comprender la espiritualidad eudista y el legado del padre Rafael García Herreros, porque no es dando como uno es feliz, uno es feliz cuando aprendemos de mi hermano el hombre, yo aprendo cuando me involucro, cuando me identifico con el dolor o el sufrimiento humano, porque doy el paso a lo divino, dejar que Dios sea en mí, que la mayoría de veces no dejamos que Dios obre en sus creaturas. Pensamos que somos imprescindibles o necesarios. La misma espiritualidad nos señala que debemos servir hasta que nos duela, esto es hasta que el servir al necesitado, se asuma y sea algo natural en mi vida, porque lo he vuelto parte de mí. Tomando algún pensamiento del padre Diego Jaramillo: “debemos ir a donde la gente nos necesita, debemos buscar la gente, porque la gente sufre y pasa necesidades… el servir no debe ser un poema hermoso, es una urgente tarea de todos nosotros los cristianos”. Creo que estas palabras tocan el corazón de cualquiera de nosotros, porque a veces pensamos que necesitamos plata para ayudar o necesitamos ganarnos el baloto para ayudar… tal vez el mejor ejemplo de caridad y solidaridad es el Minuto de Dios, que hace obras juntando manos para ayudar, hay que hacer el bien sin mirar a quien se hace el bien, esto es, desinteresadamente.  

MI PAZ OS DEJO

La paz de Jesús no es ausencia de conflictos, de guerras o de problemas… la paz es una paz pascual, que nace de la entrega de Jesús en la cruz, la verdadera paz solo se sana desde el corazón, la verdadera paz ordena la vida de acuerdo a la voluntad de Dios y nos ayuda a ser instrumentos cualificados para sembrar la paz. El mundo no da la paz, ni el mundo da la alegría, ni da la felicidad, todo esto es pasajero en el mundo, la verdadera paz está en el corazón de Jesús. la paz pasa por la confrontación de la misma vida, en todas sus dimensiones (conmigo mismo, con el “otro” y con Dios), donde mi corazón tiene paz, nada ni nadie nos la puede quitar, esa tranquilidad es autentica, esa paz verdadera es la paz que nos da el Señor Resucitado. La paz es un don gratuito, es el amor del Padre y de Jesús a los suyos que se saben sanados, amados y reconciliados. “Nada te turbe, nada te espante;
todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta.
Sólo Dios basta. (
Santa Teresa de Jesús).

CAMINO SINODAL

En nuestra Iglesia, tenemos grandes maestros de vida espiritual, siendo el motor que mueve a muchos cristianos hoy, sigue siendo el llamado del Señor a una vocación en un estilo de vida, según la espiritualidad de San Juan Eudes, el Señor «Me pensó, me miró con ojos de misericordia, me amó con ternura, creó el mundo y lo conserva por amor de mí» (San Juan Eudes, OC 11, 135). El motor que mueve la gran obra del Minuto de Dios es el amor a Dios, el amor a mi hermano “el hombre”, por ende respiramos por cada poro la “pasión” por el servicio, “que nadie se quede sin servir”… en sus inicios sabe hacia donde va encaminada su vida como Eudista: “El anhelo supremo de la comunidad eudista es responder con pasión al amor que Dios tiene a los hombres y que les manifiesta en el Corazón de Cristo, y servir con ánimo decidido en la renovación espiritual de la Iglesia y de sus ministros”. Que luego, lo va a retratar en la gran obra del Minuto de Dios, así como en el movimiento de la renovación carismática.

Su lugar como sacerdote en la Iglesia, siempre estuvo claro, ya que el Siervo de Dios nos dejo este legado bellísimo: “Mi sino, mi destino fue ser sacerdote; lo acepté en un momento bellísimo de mi vida, cuando tenía 18 años; seguí el camino del que nunca me he arrepentido. Se me han presentado ocasiones que de ningún modo hubiera tenido en otras circunstancias. De modo que estoy contento de haberlo sido y doy gracias a Dios por haberme presentado oportunidades muy preciosas”. (Roa de González, María Lucía. (1987, marzo 16). Entrevista a P. García Herreros. El Comercio. Cúcuta, Colombia.)

SER O NO SER

El testimonio que a todos nos mueve es el gran eudista, el padre Felix Ruiz, quién murió muy joven. Aún no llegaba a los cuarenta años cuando, en enero de 1938, la muerte y el heroísmo le salieron al encuentro mientras viajaba de Puerto Berrío a Medellín, por ferrocarril. En el camino el tren se volcó, y el padre Ruiz se despedazó las entrañas. Lavado en sangre y pálido, se vio ante la muerte y ante el deber sacerdotal, porque había otros heridos agonizando también. Vio que se le presentaba el momento de ser o no ser… y optó por ser, por ser lo que había predicado. Con sus manos trémulas, se guardó las entrañas rotas y arrastrándose sobre la arena y sobre su agonía, empezó a confesar a los compañeros de catástrofe… eran como cinco. Los confesó y después, con su voz desfalleciente, entonó una Salve y dijo: “Ahora lleven este cadáver mío a donde quieran” (Diego Jaramillo, Cjm, Una vida y una Obra: Rafael Garcia Herreros, Centro Carismatico Minuto de Dios). Es impresionante como una persona en medio del dolor, murió bendiciendo como lo títula su flor Eudista. En medio de un accidente donó su vida, y ganó la vida eterna sirviendo hasta el final. 

EL CAMINO SIGUE HOY

«Cada familia o comunidad de la Congregación debe ser imagen viva de la santa familia y divina comunidad de Jesús, María y José. (San Juan Eudes, O. C. IX, 174). Por consiguiente todas las virtudes que en grado supremo reinaban en esta sagrada familia deben practicarse en ellas. Y lo harán con tal perfección que cada casa (oikos: espacio vital, cosmos, mundo, ciudad, casa común y/o koinonia -comunión- como lo tienen organizado nuestra casa de formación la “Misión”) sea una escuela de virtud y santidad para cuantos ingresen en ella y sigan sus huellas; este principio debería ser el camino de todos nosotros hoy, ser imágenes de la familia de Nazareth como paradigma o ideal de comunidad.

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Sacerdote Eudista

 

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