Guías Homiléticas -- ASCENSIÓN DEL SEÑOR

/ Hch 1, 1-11 / Sal 46, 2-3.6-7.8-9 / Ef 1, 17-23 / Lc 24, 46-53
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29 MAYO

Conclusión del santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Ustedes son testigos de esto. Miren, yo voy a enviar sobre ustedes la promesa de mi Padre; ustedes, por su parte, quédense en la ciudad hasta que se revistan de la fuerza que viene de lo alto”. Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante Él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios. .

Palabra del Señor.

JESÚS FUE ACOGIDO POR EL ABRAZO DEL PADRE, EN SU INFINITO AMOR

 

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La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles contiene un testimonio precioso sobre los orígenes del cristianismo. En él se encuentran cómo fueron naciendo las primeras comunidades cristianas y cómo se extendió el Evangelio por todo el Imperio Romano.  En este Domingo la liturgia nos ofrece el relato de la Ascensión del Señor cuyo objetivo fundamental es trazar los rasgos específicos de la esperanza cristiana y/o el porvenir del mundo. Jesús, nuevo Elías, asciende a los cielos y este hecho no significa el fin de la historia deseado por los discípulos según se refleja en su pregunta:

En el libro de los Hechos se nos invita en el mismo momento de la ascensión a mirar la realidad (el hoy de nuestra vida y en nuestro tiempo actual, la realidad que vivimos, el sinsabor de todos los días) y no al cielo (como si fuéramos seres fuera de este mundo o seres que vivimos pensando en el cielo… ): ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? Y no sólo eso, se invita a dejar de soñar en la restauración de Israel, como pueblo elegido de Dios y en la imagen de un Dios que está a favor de Israel y en contra de los demás pueblos. Ahora es más importante mencionar al pueblo de Dios (Vaticano II), como el verdadero pueblo que es la Iglesia y es el cuerpo de Cristo, somos ciudadanos del cielo con los pies en la tierra, a veces los pies están embarrados, sucios y sudando por el trabajo o por el pecado, pero son los pies que tocan la realidad y el sufrimiento de las personas que necesitan saberse parte de nuestra Iglesia, porque somos familia, hermanos en Cristo por el Bautismo e Hijos de un mismo Padre.

La segunda lectura nos invita:

A mantenernos unidos en un solo cuerpo y en un solo espíritu, ya que uno sólo es el Señor y Dios padre de todos… pero en el día de hoy reconozcamos bien que él mismo nos conoce, él nos ayuda, nos fortalece y sobre todo nos da sus ministerios en la comunidad para el crecimiento en la comunidad, cuerpo de Cristo. La finalidad de todos los cristianos es llegar a la estatura de Cristo y para esto debemos renunciar y adherirnos a Él.

EL PORVENIR DEL MUNDO

La misión del discípulo y de la comunidad cristiana es universal y centrífuga: va de Jerusalén a Judea y Samaría y debe llegar hasta los confines del mundo. Ningún país, ninguna lengua, ninguna raza o cultura debe quedar sin que se le anuncie la buena noticia, como lo presenta el evangelio hoy: “y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos”(Lc. 24,46b). Con la ascensión de Jesús el centro del mundo no es ya Israel, sino el ser humano.

Se trata por el contrario, del tiempo del testimonio que prepara ese final. Citando a un gran teólogo: 

EL MUNDO HEBREO

La concepción antropológica del mundo hebreo Bóveda, con columnas, con tres lugares: cielo (donde vive Dios), tierra (donde vivimos) e infierno (donde van los muertos). Pero Jesús resucitado debe estar en el cielo, esto es en el lugar de Dios, no queremos nosotros interpretar un lugar espacio-temporal, sino es vivir a la manera de Dios, es una cuestión de fe en la mejor expresión ese que bajo ahora sube, para explicarnos que se encarnó se hizo historia, para volver al seno del padre, ascender, volver de donde vino. Del mismo modo, la subida de Cristo al cielo no es igual a la subida de nuestros cohetes; éstos se trasladan constantemente de un espacio a otro, se encuentran constantemente dentro del tiempo y nunca pueden salir de estas coordenadas por más lejanos que viajen por espacios indefinidos.

LA ASCENCIÓN

La subida de Cristo al cielo es también un pasar, pero del tiempo a la eternidad, de lo visible a lo invisible. de la inminencia a la transcendencia, de la opacidad del mundo a la luz divina, de los seres humanos a Dios. Con su ascensión al cielo Cristo fue por consiguiente entronizado en la esfera divina; penetró en un mundo que escapa a nuestras posibilidades. Nadie sube hasta allí si no ha sido elevado por Dios (Cfr. Lc 24,51; Hch 1,9).  Él vive ahora con Dios, en la absoluta perfección, presencia, ubicuidad, amor, gloria, luz, felicidad, una vez alcanzada la meta que toda la creación está llamada a lograr. Cuando proclamamos que Cristo subió al cielo pensamos en todo eso. ¿Qué decir entonces de la narración de san Lucas al final de su evangelio (Lc 24, 50-53) y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 9-11) ¿Dónde cuenta con algunos detalles la subida de Cristo a los cielos hasta que una nube lo oculto de los ojos de los espectadores? Si la ascensión de Cristo no significa una subida física al cielo estelar, ¿Por qué entonces San Lucas la describió así? ¿Qué pretendía decir? Para dar respuesta a esto tenemos que comprender una serie de datos acerca del 

estilo y género literario de la literatura antigua que a lo largo de san Lucas nos describe de una manera detallada pero que nos va enseñando y aclarando las dudas que van surgiendo en la misma comunidad. Pero en últimas la resurrección y la ascensión son el mismo misterio explicado en forma detallada para la comprensión de la fe de nosotros. En últimas cuarenta días después de la pascua en los Hechos y san Lucas es para consolidar la fe todavía frágil de los discípulos. No pretende ser un tiempo espacio-temporal, sino un tiempo teológico. La Iglesia pascual, debe salir de sí, de la pasividad para afrontar su misión: evangelizar a todos los pueblos. Los discípulos entrarán ahora en acción, es la hora de llevar el evangelio hasta los confines de toda la tierra. Para san Lucas, el ministerio público en la tierra de Jesús se limitó a Judea ¿Cuál será su intencionalidad? Seguramente lo que pretende el autor lucano es mostrar la continuidad entre el ministerio de Jesús y la misión de la Iglesia: llevar el mensaje integral de salvación a todas las naciones, esto es el universalismo de la misión de la Iglesia.  

Tenemos varios signos, algo ha cambiado, comienza la era del testimonio y martirio en el momento que Jesús traspasa la misión que Él comenzó. “No hay que tener miedo de la pobreza, ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte… De lo que hay que tener miedo es del propio miedo”. (Epicteto). “El miedo es mi compañero más fiel; nunca me ha engañado para irse con otro”. (Woody Allen). Una de las plegarias de la Eucaristía dice: «Danos entrañas de misericordia ante toda la miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido.

Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando”.

Tenía razón Epicteto, a quien citábamos al iniciar estas breves líneas: “hay que tener miedo al miedo”. Y en situaciones de temor, que pueden distorsionar muy negativamente nuestra percepción de la realidad y nuestra praxis, no hay nada más importante que volver a la fuente de la fe. Como decía el obispo Juan Mª Uriarte a los miembros de su Diócesis en el 2007: “La esperanza vence al miedo», porque «donde hay amor no hay temor”. (1 Jn 4,18). Dios es amor.  

  • ¿DÓNDE ESTÁ LA FELICIDAD?
    ¿DÓNDE ESTÁ LA FELICIDAD?

    Parafraseando a Benedicto XVI, el hombre de hoy piensa que la felicidad está en las cosas, en el mundo y en pasarla bien… pero no se comprende que la felicidad eterna está solo en Dios, pensar que no todo acaba en este mundo sino que debemos volver nuestra mirada a Dios: eterna respuesta, carta abierta, brazos abiertos y misericordiosos, plenitud de vida, felicidad verdadera y eterna, para siempre. “Dios enseña que quien es perfecto tiene un tesoro en el cielo, pues ha vendido sus pertenencias y las ha repartido entre los pobres. Lo sigue e imita realmente la gloria de la pasión quien, libre de toda posesión y atadura, no está ligado a ningún interés material y se postra a los pies del Señor”. (San Cipriano de Cartago, el pan de vida cotidiano).

La perspectiva que contemplaba conjuntamente resurrección y ascensión se mantuvo,

a pesar del relato de Lucas, hasta el siglo IV, como atestiguan los Padres como Tertuliano, Hipólito, Eusebio, Atanasio, Ambrosio, Jerónimo y otros. San Jerónimo, por ejemplo, predicaba: “el domingo es el día de la resurrección, el día de los cristianos, nuestro día. Por eso se llama el día del Señor, porque en este día Nuestro Señor subió, victorioso, al Padre”. (Corpus Christianorum, 78,550). La respuesta del hombre que camina cerrando ciclos, en dirección hacia Dios, según la espiritualidad de san Juan Eudes tiene un doble movimiento de renuncia a todo compromiso con el pecado y con el hombre viejo y un continuo movimiento de adhesión a la persona de Cristo para ser en Él hijos del Padre. Es una alianza de todos los hombres en la persona de Cristo para hacerse con Él la respuesta al amor del Padre en un don de reconocimiento. Esta alianza nos viene no por un mero documento escrito, sino por el sacramento del Bautismo, que nos introduce a la vida de Cristo en cada uno de nosotros.

APORTE PASTORAL

En la escuela de S. Juan Eudes

El cristiano debe renovar cada momento las promesas hechas en el bautismo, y renovarse de continuo en la renuncia a sí mismo y al pecado para adherirse a Jesús, cuyo misterio de muerte y resurrección debe reproducir en cada acción (actos de amor de san Juan Eudes). Tal es la respuesta del hombre a los dones que Dios le ha comunicado al llamarlo a entrar en una alianza de sociedad con Él y por medio del Bautismo. Quiero renunciar y que renuncio a satanás...Y me doy a mi Señor Jesús, para seguirlo, mediante su gracia, lo más perfectamente que me sea posible. Sí, mi Salvador, me doy a Vos con todas mis fuerzas, para seguiros en vuestras costumbres y virtudes... Oh santísima Trinidad, emplead vuestro divino poder y misericordia para tomarme, poseerme y apropiarme, consagrarme y santificarme por vuestra gloria.
La adhesión añade otras en que desarrolla ampliamente su concepción dinámica de la vida bautismal como respuesta por la adhesión a Cristo a cada uno de los dones recibidos en el Bautismo: Oh Dios mío, Padre de mi Señor Jesucristo, os adoro bendigo y alabo con todo mi corazón, en este amor infinito por el cual habéis enviado a vuestro Hijo en este mundo, y habéis querido que Él derramara su sangre, no solo para borrar nuestros pecados y librarnos de la cautividad del demonio, sino para hacernos entrar en una maravillosa sociedad.

San León I

Todo lo que el Hijo hizo y nos enseñó por la reconciliación del mundo no lo sabemos únicamente por la historia del pasado, sino también por las fuerzas de las obras del presente. El mismo que vino al mundo por una madre virgen, ahora fecunda su Iglesia incontaminada por obra del Espíritu Santo, generando mediante el bautismo una multitud de hijos de Dios… a pesar de que diga al beato Pedro “apacienta mis ovejas” (Jn 21,17), un solo Señor gobierna a los pastores.” (san León I, el Magno, no solo del pasado, sino también del presente, Sermón 63, 3.6).

San León I

“Todo lo que el Hijo hizo y nos enseñó por la reconciliación del mundo no lo sabemos únicamente por la historia del pasado, sino también por las fuerzas de las obras del presente. El mismo que vino al mundo por una madre virgen, ahora fecunda su Iglesia incontaminada por obra del Espíritu Santo, generando mediante el bautismo una multitud de hijos de Dios… a pesar de que diga al beato Pedro “apacienta mis ovejas” (Jn 21,17), un solo Señor gobierna a los pastores.” (san León I, el Magno, no solo del pasado, sino también del presente, Sermón 63, 3.6).

APORTE SINODAL

El papa sueña con un mundo como casa común, que favorezca la unión de las naciones y se dan ejemplos de integración en diferentes contextos como el nuestro el Latinoamericano.

Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de una misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos… cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos. Pero necesitamos constituirnos en un ”nosotrosque habita la casa común”.  (No. 8 y 17, Fratelli Tutti, carta encíclica del santo padre Francisco sobre la fraternidad y la amistad social, ed. San Pablo, 1ª edición, 2020).

El cántico a las creaturas, tiene vigencia cada vez que nos cuestionamos sobre el cielo nuevo y la tierra nueva, no es solo quedarnos esperando en la Jerusalén celestial, si no cuidamos la casa común no estamos en congruencia con el evangelio propuesto hoy y por este santo: “Altísimo y omnipotente buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición. A ti solo, Altísimo, te convienen y ningún hombre es digno de nombrarte. Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el Señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento. Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte. Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas. Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufran en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal. Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal. Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad” (San Francisco Asís). La hermana naturaleza, el hermano sol y la hermana luna, es el cántico a las creaturas más hermoso que tengamos para valorar la casa común, como nuestra casa dónde todos vivimos y debemos valorar más la naturaleza, esa es la verdadera casa común que dejaremos a las futuras generaciones y no un mundo destruido o sin esperanza en lo nuevo.

CAMINO SINODAL

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Sacerdote Eudista

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