Guías Homiléticas - XXXIII DOMINGO ORDINARIO

Ml 3, 19-20a / Sal 97, 5-6.7-8.9a.9bc / 2Ts 3, 7-12 / Lc 21, 5-19
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13 NOVIEMBRE

Del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-19

En aquel tiempo, como algunos hablaban del Templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: “Esto que contemplan, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no será destruida”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?”. Él dijo: “Miren que nadie los engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: ‘Yo soy’, o bien: ‘Está llegando el tiempo’; no vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida”.

Entonces les decía: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso les echarán mano, los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndolos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto les servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, propónganse en su corazón que no tienen que preparar su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario de ustedes. Y hasta sus padres, y parientes, y hermanos, y amigos los entregarán, y matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de su cabeza perecerá; con su perseverancia salvarán sus almas”.

Palabra del Señor.

SABER DISCERNIR LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS ES SABER LEER EL DESIGINIO DE DIOS SOBRE LA HUMANIDAD Y NUESTRA VIDA

En el día de hoy las lecturas traen las disposiciones para vivir en paciencia todas las adversidades y la espera del Señor como una virtud. Estamos ya en el final del año litúrgico, y el tema de las lecturas de este domingo es también el del “final de los tiempos”, es una invitación a la esperanza en el Señor.

En Malaquías se nos evoca el juicio definitivo de Dios, que puede see condenatorio o salvador. Es un pasaje que anuncia “el día del Señor”. “Miren que llega el día”, clama el profeta. Es el día mesiánico en que Dios quemará a los malvados como paja, mientras que a los que honran su nombre los iluminará un sol de justicia. Esto lo anuncia Malaquías para animar a los judíos que, ya de vuelta del destierro, están desilusionados por los pocos resultados de su reconstrucción.

En la lectura de la segunda carta a los Tesalonicenses, se observa que una de las dificultades de la comunidad cristiana de Tesalónica, en Grecia, era que a algunos les daba por no trabajar, el día del juicio del Señor no exime a nadie a que sea responsable y corresponsable de sus compromisos adquiridos con la excusa de que era inminente la venida gloriosa del Señor como Juez de la historia: “Algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada”. Pablo les dice que ese argumento es falso y que “el que no trabaja, que no coma”. Se atreve a ponerse a sí mismo como ejemplo: en todas las comunidades donde predicaba se ganaba la vida con su propio trabajo, aunque tuviera derecho a que la comunidad asumiera sus gastos.

Este trozo de evangelio forma parte del discurso sobre el final de Jerusalén (destrucción) y sobre el fin del mundo que traen Lucas, Marcos y Mateo. Lucas mezcla aquí dos planos: el anuncio de la caída de Jerusalén a manos de los romanos, cosa que sucedería muy pronto (el año 70), con los ejércitos de Vespasiano, que “no dejaron piedra sobre piedra”, y la visión enigmática del final de los tiempos, que “no vendrá en seguida”. No es fácil distinguir los dos estratos. El lenguaje que utiliza Jesús es el típico de esta clase de anuncios proféticos: guerras, revoluciones, espantos en el cielo… La razón principal de esta dificultad es la confusión creada por los diferentes motivos que se tratan en este discurso: la destrucción del templo de Jerusalén por el ejército romano en el año 70, la llegada de los últimos tiempos. Al mismo tiempo es un discurso en el que se fueron añadiendo partes y valoraciones diferentes. Todo parece indicar que estamos ante un discurso de procedencia judío-cristiana, que el evangelista convierte en palabra de Jesús. En todo caso, el escrito de Lucas parece elaborado con posterioridad al acontecimiento de la destrucción de Jerusalén por el ejército romano. El trozo que leemos hoy, tiene dos partes.

En la primera parte del evangelio, Jesús anuncia la destrucción del templo como respuesta sobre la hermosura del mismo (de su construcción). En la segunda, responde a la pregunta sobre la fecha de tal acontecimiento, Jesús habla de la confusión que se creará alrededor del final de los tiempos, de los desastres de todo tipo que lo acompañarán y del clima de persecución en el que se verán envueltos sus discípulos. Jesús mismo, y las primeras generaciones cristianas después de Él, vivieron con mucha tensión este fin del mundo; no lo entendía como una aniquilación del mundo, sino como el momento de una intervención liberadora de Dios en el mundo. En la historia de la Iglesia el discurso sobre el fin de los tiempos, del que forma parte este trozo del evangelio que hoy proclamamos, dio pie por veces a un estilo amenazante y de miedo que nada tiene que ver con la Buena Noticia de Jesús.

En el evangelio hay numerosos pasajes que aluden a este tema del final de los tiempos, no es especulativo, ni un invento como los famosos textos “apocalípticos”, pues el género “apocalíptico” era muy del gusto de los creyentes de aquellos tiempos, pero no se escapada de falsas interpretaciones de revelaciones privadas.

PACIENCIA Y PERSEVERANCIA

Es muy interesante conocer que el origen de la palabra paciencia es la raíz latina pati que significa sufrir. De hecho el participio patiens se introdujo al castellano como paciente (en los hospitales) o “el que sufre”. Así la palabra misma nos recuerda que la paciencia implica sufrimiento, si bien ese sufrimiento se acepta con dignidad esperando una recompensa mayor que vendrá, ya sea con el simple paso del tiempo, con la perseverancia, o con la actividad correcta en los momentos apropiados.

Se cuenta que Robert Bruce derrotó a los ingleses para liberar a su patria Escocia de su yugo, pero solo después de muchas y dolorosas derrotas. Siempre tuvo la paciencia de asimilar la derrota, levantar un nuevo ejército, luchar nuevamente, ser derrotado, asimilar la derrota, etc. Un ciclo que no se interrumpió sino hasta que logró la victoria final y pudo reinar en Escocia. Esto lo podemos aplicar, tanto a este rey, como a un equipo de fútbol que luego de derrota tras derrota, persevera hasta lograr el campeonato, al estudiante que finalmente logra titularse, o al empleado que finalmente es reconocido como “siervo fiel”.

Debes confrontar lo que vas leyendo con la realidad diaria de tu vida, busca aquellos aspectos en los que se da algún parecido, y piensa en lo que el Evangelio te aporta en ese aspecto. Todos nos dejamos llevar muchas veces por la apariencia de las cosas: de los edificios, de las personas, de las instituciones ¿sabes, como cristiano, mirar algo de forma más honda para descubrir la presencia del Evangelio en la vida y en las personas? Haz la oración hoy, por ejemplo, poniendo tu confianza en Él en las horas difíciles de la vida. Haz oración también agradeciendo la vida de las personas que cuidan de la naturaleza, los ecologistas, y de las personas que trabajan para que en el mundo no existan enfermedades, abusos, injusticias, guerras. Haz oración deseando tener en Dios un ánimo tranquilo y optimista. Haz oración agradeciendo la vida de las personas que dan testimonio militante en el momento presente. Haz oración también disponiéndote de Dios a actuar como militante en todos los momentos de conflicto, y en especial en ese conflicto concreto que igual ya estás teniendo en la vida. En estos días vendrán ídolos que se derrumban (Lc 21, 5), existen muchas personas que han “invertido mal” su dinero: pirámides, brujos, adivinos, prestamistas falsos en internet… todo esto redunda en contra del plan de Dios, porque Dios no quiere que desconfiemos de Él. Hay muchas cosas que van cayendo, en las cuales quizá hemos puesto mucha fe y mucho interés. La pregunta es: ¿En quién pongo mi fe, mi esperanza? Vemos edificios de la Iglesia que se derrumban y vemos instituciones e iniciativas que van abajo. Los medios de comunicación ahora lideran los temas cotidianos, incluso pueden de un día para otro influir en la mentalidad de las personas con imágenes, con propaganda, o con desinformación… A lo mejor es una ventaja que esto suceda desde el punto de vista evangélico, porque nos demuestra que debemos perseverar, creer solo en Dios y no en las mediaciones, que son esos medios para realizarnos y no fines (veamos el sentido de las instituciones, como medios de realización: todo lo que tiene que ver con el trabajo de cada día, la plata y el interés por la misma, los ingresos que mucha veces no alcanzan, los ahorros que tenemos en el banco o en las compras que hacemos de seguros de vida, de la casa, hasta el perro tiene seguro, los egresos cada vez más altos por el costo de vida cada vez más alto y el gobierno que mantiene a muchas personas con un sueldo mínimo o paupérrimo, el cual no alcanza para las necesidades básicas, las personas cada vez mejor preparadas, y cada vez más luchando los puestos, muchas veces las roscas políticas, las empresas que prefieren a algunos por amistad y no por sus cualidades, carismas…) es una invitación a poner nuestra esperanza en Dios: sin olvidar el presente debemos perseverar para alcanzar la salvación. Los hombres nos defraudan dice un salmo, solo Dios basta, no más, solo Dios me mueve para quererte, ni el infierno tan temido, ni el cielo tan prometido (parafraseando a santa Teresa), solo Dios me mueve, es mi motor y solo Él salva.

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Sacerdote Eudista

 

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