Guías Homiléticas -- XVI DOMINGO ORDINARIO

Gn 18, 1-10a / Sal 14, 2-3ab.3cd-4ab.5 / Col 1, 24-28 / Lc 10, 38-42
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17 JULIO

Del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano”. Respondiendo, le dijo el Señor: “Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada”.

Palabra del Señor.

EL SÍNDROME DEL ACTIVISMO DE MARTHA ES UN SIGNO DE LA NECESIDAD DE REGRESAR A UNA ACTITUD DE EQUILIBRIO COMO MARÍA: “ESCUCHAR AL MAESTRO” EL RETO HOY: UNA IGLESIA QUE ESCUCHE MAS A JESÚS

¿Conoces a alguien que no va la Iglesia los Domingos pero vive el Evangelio? Este mensaje de hoy nos cuestiona a todos, independiente que seamos católicos o de cualquier religión, el hospedaje sigue siendo lo más auténtico e íntimo de las familias. Creo que el Evangelio es para todos los creyentes que seguimos a Jesús y sus enseñanzas, hoy el tema esta relacionado con el ritual del hospedaje y el síndrome de Martha. 

El contexto en el cual Lucas narra el incidente en la casa de Marta y María. Lucas lo narra después de que Jesús ensenó la parábola del buen Samaritano. El evangelio de san Lucas en el capítulo 10,  del versículo 38 al 42 tiene el contexto que hemos venido analizando durante estos domingos, la misericordia, la compasión, en la piel del samaritano… hoy se traslada a dos mujeres de Betania, hermanas de Lázaro -el mejor amigo de Jesús- son estos conceptos del actuar de Dios, en donde vemos la “gracia” del Señor que se manifiesta en la comunidad lucana y nos quiere comunicar ese mensaje a nosotros hoy. Cuando citamos el evangelio de san Lucas, es porque se quiere que a través de una lectura espiritual y teológica encontremos en los textos el mensaje del reino de Dios en los ojos de los personajes que nos comunican un mensaje siempre vivo y actual del actuar de Dios.

Este incidente en la casa de Martha y María al parecer enseña lo normal en aquella época, en relación al hospedaje y sus ritos del mismo que todos conocemos para la rica cultura judía. El contexto es importante porque nos ayuda a entender el significado y el propósito de este incidente en el evangelio de Lucas y en nuestras vidas de hoy.

Todo discípulo debe estar en capacidad y en actitud de escuchar la Palabra del Señor.

EL CONTEXTO DEL TEXTO

Es importante respetar el criterio de la unidad de toda la escritura (vaticano II) donde se debe entender la unidad de la biblia para no llevar el texto fuera del contexto mismo, en este contexto es el hospedaje cultural de aquella época.

Una ciudad pequeña, es un pueblo llamado Betania, en la casa donde viven los tres hermanos: Martha, María y Lazaro, se respira un clima especial, se identifica una relación de amistad cercana con el corazón y afectos de Jesús. Marta y María, junto con Lázaro, eran amigos cercanos de Jesús. La casa de ellos en Betania, como dos millas de Jerusalén, era un lugar familiar de Jesús (y sus discípulos) para descansar y relajarse. En otra ocasión cuando en su casa María abrió una botella de perfume de nardo caro, y lo derramo en los pies de Jesús y seco los pies de Jesús con sus cabellos. Judas Iscariote se escandalizo por ser perfume caro y el mal gasto del dinero pero sabemos que Judas tenía otros motivos. La casa de ellos también sería el escenario de la resurrección de su hermano de entre los muertos. Así que la casa de ellos, era un lugar visitado frecuentemente por Jesús. Lucas nos narra que “aun cuando Jesús estaba de camino”-queriendo decir que Jesús se dirigía a Jerusalén, el fue invitado por Marta para venir dentro de su casa. Lucas nos dice que ella “abrió su casa.” Por un momento pensemos que pasaría si Jesús entrará en mi casa, lo escucharía (recordemos que obedecer viene del latín “ob audire” y significa saber escuchar, normalmente se entiende como hacer caso a la fuerza, esto sería erróneo y más en un discípulo que sigue al Señor, si estamos atentos y sabemos escuchar, no sólo oír, sino captarlo, analizarlo y pensarlo bien; entonces podemos discernir y tener libertad de escoger lo que debemos hacer y así seguir la instrucción del Señor con plena libertad, esa es la actitud de María a los pies del Maestro).

Decimos hoy en día: ella abrió su mente, o su corazón y recibió a Jesús. Cuando una persona es muy cerrada para entender, decimos lento… pareciera que hoy el texto nos aplicara esto a nuestras vidas, Marta, la que no para de “hacer” (una pastoral sin meditación y contemplación cae en el activismo de funcionarios sin hondura en su espiritualidad), porque ella ve que eso está bien y María, que “es” porque está atenta en actitud de escucha como buen discípulo del señor.

En últimas, presenta el equilibrio de las dos realidades, acción pastoral en el buen samaritano (domingo pasado) y la contemplación (domingo presente) de María a los pues del Maestro, como una espiritualidad atenta a la escucha del Maestro (el Señor).

La hospitalidad en la época de Jesús

La hospitalidad, y que en los tiempos de Jesús era fuertemente regulado por las costumbres y las expectaciones del tiempo. Lucas también nos describe en tres versículos los tres protagonistas de esta narración. Del contexto parecería que Marta es la más mayor de las hermanas y ella es la que hizo la invitación. Algo normal en aquella época. Sus rituales son propios:

¿QUÉ HIZO MARÍA?

Lucas inmediatamente nos dice que María se sentó a los pies de Cristo para escuchar lo que él estaba diciendo (enseñando). Al sentarse a los pies de Cristo María está asumiendo el papel de discípulo. Tal vez no pensemos nada sobre ese asunto, pero esa acción era no aceptada socialmente en ese tiempo. Ninguna mujer podía ser una discípula de un Rabí o líder religioso en los tiempos de Cristo. No se escuchaba de ese tipo de acciones, de hecho era un escándalo para María el hacer esto y más que Cristo lo permitiera. María había roto las prácticas sociales de ese tiempo y al hacer eso estaba poniendo en peligro a su familia.

Su distracción no exhiba en su corazón, su profundo deseo: en su corazón su propósito era de ser como María, hacer lo que María estaba haciendo-estar sentada a los pies de Cristo, pero su sentido de responsabilidad, lo que otros esperaban de ella, la hizo quedarse en la cocina. Al parecer su frustración creció y creció y finalmente exploto y tuvo que decir lo que tuvo que decir. Un comentador menciona que hubiera sido como si Marta “hubiera escupido todo lo que traía adentro” Marta quería que Jesús le dijera a María que lo que había ella hecho estaba mal y Marta quería ser felicitada por Jesús por haberse quedado en la cocina.

¿ES USTED UNA MARÍA O UNA MARTA?

La verdad es que aquí hay algunas de ustedes que personifican a Marta. Personifican a Marta porque son hacedoras, les gusta el trabajar duro y no hay nada malo con eso, excepto cuando ese trabajo duro le impide el estar a los pies de Jesús y ese trabajo duro le hace criticar a su hermano o hermana. Muchos de ustedes tienen ese “Síndrome de Marta” usted quiere mostrar cuanto se esfuerza en trabajar y mostrar que otros solo se sientan a escuchar la predicación. Uno se frustra hasta que “explota y lo saca todo.” Pero quiero decirles hoy que para muchos de ustedes la realidad es que les gusta tener el “Síndrome de Marta.” Usted no quiere que nadie le ayude y después que nadie le ayuda usted se queja, tal vez no en voz alta, pero usted se queja en su espíritu diciendo: ¿“Señor no te importa….que…me ha dejado todo el trabajo?”.

¿Va usted a ser distraída(o) por las preocupaciones o los afanes del mundo y dejar pasar la buena oportunidad de mejores cosas? ¿Usted cree que al estar sentada a los pies de Jesús y escuchar su voz es cuestión de decisión personal y comprometida?

MARTA Y MARÍA  

Hemos hablado de la misericordia, pero es un hecho que no se da una forma aislada de ser virtuoso. Por el ejemplo de Marta y María, es decir, la entrega activa de aquélla a los quehaceres domésticos, y la atención religiosa del alma a la palabra de Dios de María, se nos enseña que esta segunda actitud, si va acompañada de la fe, ciertamente está por encima en valor de las ocupaciones, según lo que está escrito: María escogió la mejor parte, que no le será arrebatada. Procuremos nosotros también tener eso que nadie nos puede quitar, disponiendo todos nuestros sentidos, no distraídamente, sino con atención, pues aun la semilla de la palabra divina puede malograrse si es sembrada al lado del camino (Lc 8,5.12). Que tu hambre de sabiduría te haga semejante a María; ya que la suya es una obra mayor y más perfecta, y que el trajín del magisterio no te sea obstáculo al conocimiento de la palabra celestial, ni creas o pienses que cuantos se dedican con entusiasmo a la sabiduría son gente ociosa; cuando precisamente Salomón, el pacífico, la quiso tener como compañera en su casa (Sab 9,10; Prov 8,12).

Sin embargo, no es que se reprenda a Marta por sus buenos oficios, sino que es antepuesta María porque escogió para sí la mejor parte; en efecto, Jesús lo tiene todo en abundancia y a todos reparte sus mercedes: así la más sabia ha escogido lo que ha reconocido ser lo principal. Y así los apóstoles no juzgaron como lo mejor dejar su deber de predicar la palabra de Dios para servir a las mesas (Act 6,2), aunque las dos son obras de sabiduría; ya que, precisamente por estar lleno de sabiduría, fue elegido Esteban como diácono. Y, por tanto, en cuanto servidor debe someterse a los doctores, y en cuanto doctor debe exhortar y animar al que sirve, pues el cuerpo de la Iglesia es uno, aunque haya muchos miembros, y unos necesitan de otros. No puede decir el ojo a la mano: no tengo necesidad de ti; ni tampoco la cabeza a los pies (1 Cor 12,21), como tampoco la oreja negará que es del cuerpo; porque aun admitiendo que unos son más importantes, otros resultan más necesarios. La sabiduría tiene su asiento en la cabeza, la actividad en las manos; en verdad, «los ojos del sabio están en su cabeza» (Eccl 2,14), porque el verdadero sabio es aquel en cuya alma está Cristo y cuya mirada interior está siempre dirigida hacia las cosas de arriba. Por eso los ojos del sabio están en la cabeza y los del necio en su calcañar. (CFR. Obras de San Ambrosio I, Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, BAC, 1966, págs. 385-386)

EN EL CAMINO SINODAL DE LA MANO DE LOS PADRES DE LA IGLESIA

CRISTO NO DESALABÓ EL MINISTERIO DE MARTA

Entonces ¿qué? ¿Vamos a pensar que se le reprochó su servicialidad a Marta, embebecida en los detalles del hospedaje, habiendo de albergar al Señor en persona? ¿Con qué razonable argumento se hubiera reprendido el gozo con que a un tal huésped había recibido? En este caso, déjense los hombres de servir a los necesitados, tómese la parte mejor, que no les será quitada; entréguense a la palabra de Dios, esperen boquiabiertos la dulzura de las divinas enseñanzas; conságrense a la ciencia de la salud, y allá cuidados si en la calle hay un peregrino, si alguien no tiene qué comer ni vestir, si hay uno a quien visitar, o rescatar, o inhumar; échense a un lado las obras de misericordia para darse a conocer lo  único necesario. Si hay una parte mejor, ¿por qué no la escogen todos, siendo así que tenemos en este punto al Señor de nuestro lado? No hay aquí miedo alguno a ofender su justicia, por lo mismo que sus palabras nos patrocinan.

LA PARTE DE MARÍA

Pues, con todo, no es así; lo que sí es así es lo que dijo el Señor; no es como tú lo entiendes, sino como debes entenderlo. Fíjate bien: En muchas cosas estás ocupada, mas una sola es necesaria. María escogió la mejor parte. No es la tuya mala, pero la suya es mejor. ¿Por qué mejor? Porque tú andas afanada en muchas cosas, ella sólo en una. Dase ventaja a la unidad sobre la multiplicidad; la unidad no proviene de la multiplicidad, y la multiplicidad proviene de la unidad. Las hechuras son múltiples, el Hacedor es único. Cielo, tierra, mar y cuanto en ellos hay, ¡cuánta muchedumbre de seres! ¿Quién pudiera contarlos? ¿Quién abrazaría su multitud con el pensa- miento? Y ¿quién los hizo? Dios todos. Y todos ellos son bonísimos; bonísimas las hechuras, ¿cuánto mejor no será el Hacedor? Ahora, pues, vengamos a la multiplicidad de nuestras ocupaciones; exígelas el haber de alimentar el cuerpo. ¿Por qué así? Porque se tiene hambre y se tiene sed. Es la miseria quien necesita de la misericordia. Si divides tu pan con el hambriento, luego has hallado un hambriento; suprimida el hambre, ¿a quién repartes el pan? Suprime la peregrinación, ¿a quién hospedar? Suprime la desnudez, ¿para quién haces la ropa? No hay enfermedades, ¿a quién visitas? No hay cautiverio, ¿a quién rescatas? No hay riñas, ¿a quién pacificas? No hay muerte, ¿a quién sepultas? Y como en el siglo futuro no ha de haber estos males, síguese que tampoco estos servicios. Bien, pues, hacía Marta en subvenir a la… ¿Qué diría yo? ¿A la corporal necesidad o a la voluntad? Digamos a la carne mortal del Señor. Mas ¿cuya era la carne mortal aquella? En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba en Dios, y la Palabra era Dios. He aquí la palabra que María escuchaba: Y la Palabra hízose carne y moró entre nosotros; he ahí a quién agasajaba Marta. Así, pues, María escogió la mejor parte, que no le será quitada; por haber elegido lo que durará siempre, no le será quitada su parte. Una sola cosa la había preocupado y la había logrado: Mi bien es estar apegado a Dios. Estaba sentada a los pies de nuestra Cabeza, y cuanto más abajo sentada, tanto mejor tajada. El agua, en efecto, confluye al hondón del valle, arroya la que cae sobre las empinadas colinas. No reprendió, pues, el Señor el quehacer de Marta, pero distinguió de obsequios. En muchas cosas estás ocupada, mas una sola es necesaria; y ésta la escogió para sí María. Pasa el afán de la multiplicidad, el amor de la unidad es permanente. Así que lo por ella elegido no le será quitado; luego lo que tú elegiste (consecuencia que se sobrentiende), lo que tú elegiste, eso te será quitado; en bien tuyo, empero, será el quitártelo, pues lo mejor te será dado; quitársete ha el trabajo para darte el descanso. Tú ahora vas navegando al puerto donde ya está ella.

LAS DOS VIDAS FIGURADAS POR MARTA Y MARÍA

En estas dos mujeres, ambas amigas del Señor, amables ambas y discípulas suyas una y otra, ya vosotros, carísimos, habréis descubierto algo cuya suma entidad no se pasa de vuelo, me figuro, a vuestra comprensión; mas también debéis oírlo y saberlo quienes aún no caísteis en ello; a saber: cómo estas dos mujeres son emblema de dos vidas: la presente y la futura, la trabajada y la holgada, la infeliz y la dichosa, la temporal y la eterna. (…)Estaba en Marta la imagen de lo actual, en María la de lo futuro; nosotros ahora estamos en los quehaceres de Marta, esperando la ocupación de María. Hagamos esto de ahora con solicitud, para conseguir lo de allá con plenitud. Más ¿no tiene la vida nuestra algo común a la de María? ¿Qué hay en ambas de parecido? Mientras estamos aquí, en el templo, ¿no se asemeja un poco a la suya nuestra ocupación? Sí, en efecto; algo hacemos de lo que hacía ella cuando, lejos del tráfago, y en olvido los cuidados familiares, os reunís aquí para escucharme de pie. En este quehacer os parecéis a María. Y aún podéis vosotros copiar a María más fácilmente que yo, por ser yo quien hace el gasto; entonces lo hizo Cristo. Pero, al fin, si algo de sustancia digo, de del que yo vivo, lo mismo que vosotros. Ahora, pues, vivimos si os mantenéis vosotros firmes en el Señor. Firmes en el Señor, no en Nos; porque ni quien planta es algo ni quien riega, sino el que da el crecimiento: Dios.

CON EL ÁNIMO PODEMOS ESTAR SENTADOS Y EN PIE A LA VEZ

Y ahora que habéis oído y entendido esto, ¿cuánto hay en vosotros de aquella vida representada por María? ¿Cuánto? Dejad que pase la noche del siglo. Al amanecer me presentaré en tu presencia y te contemplaré. Infundirás en mi oído palabras de gozo y alegría, con lo que se recrearán mis huesos quebrantados. Huesos quebrantados, miembros de tullido. Esto hacía María; se abatía, y el Señor la henchía. Estaba sentada. Luego ¿qué significa lo dicho: Al amanecer me presentaré en tu presencia y te contemplaré? Si el amanecer significa el siglo futuro y María también, ¿cómo dice el salmista que se presentará o asistirá de pie a la presencia de Dios, y María estaba sentada? Pasado que haya la noche del siglo presente, me presentaré, dice, y veré; me presentaré y te contemplaré. No dijo: «Me sentaré.» ¿Cómo, pues, María sentada significa la grandeza de lo futuro, si asistiré de pie y te contemplaré? La turbación que os produce esto se debe a lo que observáis en la carne, tan escasa de recursos; porque no puede el cuerpo estar al mismo tiempo de pie y sentado. Si está sentado, no está de pie, y si de pie, no está sentado; las dos cosas a la vez no puede hacerlo el cuerpo. Pero si yo demostrare que puede hacerlo el alma, ¿os quedaría motivo de dudar? Si hay en el hombre algo que puede hacer eso, mucho más lo podrá entonces, libre ya de toda ligadura. Ved un ejemplo por donde podáis comprenderlo. San Pablo dice: Ahora vivimos, si vosotros estáis quedos en el Señor. El gran Apóstol, o más bien, Cristo por boca del Apóstol, nos manda estar quedos. ¿Cómo, pues, el mismo Apóstol, o mejor, Cristo por boca del Apóstol, nos dice: Sin embargo, a lo que hemos ya llegado, andemos en ello? He ahí el estar quedos y andar; y aun el andar es poco: no de modo que, cuando andamos, dejemos de estar quedos, y Corred de tal manera que ganéis la palma. Prestadme atención, amadísimos y entenderéis. Mándanos andar y estarnos quedos; y cuando estemos quedos, dejemos de andar; sino que habemos de hacerlo todo a la vez, el estar quedos y correr. ¿Qué significa esto? Que permanezcamos y que avancemos. Hazme, Señor, co- nocer tus caminos. Y, conocidos los caminos del Señor, ¿qué se nos manda sino andar? Guíame, Señor, por tus sendas. ¿Qué deseamos sino andar? Y en otro lugar parece como querer fijarse en un sitio: No permitas se muevan mis pies. Si al salmista se le dijera: «¿Cómo has deseado se te dieran a conocer las sendas del Señor y que te condujera por sus caminos, no queriendo se muevan tus pies, y aún das gracias porque no se te movieron? ¿Cómo anduviste sin mover los pies?», él te respondería: Anduve porque obré, y a la vez estuve quedo porque no me aparté. No os maravilléis, por tanto, vosotros; ved cómo el ánimo puede lo que no el cuerpo. Según el cuerpo, cuando andas, no estás quedo; según el ánimo, según la fe, según la intención de la mente, estáte quedo y anda, permanece y avanza, porque ahora vivimos, si vosotros estáis quedos en el Señor, y corred de modo que alcancéis la palma. Por este modo, carísimos, estaremos sentados y asistiremos de pie; estaremos en pie, porque permaneceremos eternamente.

AL DESCANSO POR EL TRABAJO HOY

 Así, pues, amadísimos, os conjuro, os exhorto, os aconsejo, os mando, os ruego que todos juntos deseemos aquella vida y corramos hacia ella todos juntos para detenernos en ella para siempre. Vendrá la hora, hora sin fin, cuando el Señor nos haga recostarnos a la mesa y nos sirva. Y ¿qué ha de servirnos sino a sí mismo? ¿Por qué andáis discurriendo qué habéis de comer? Tenéis al mismo Señor. ¿Qué manjar ha de ser el nuestro, sino aquel que en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios? ¿Qué será el recostarnos, sino descansar? ¿Qué será el comer, sino deleitarse inefablemente con aquella contemplación? En tu diestra se hallan las delicias eternas. Una cosa he pedido al Señor, y ésta volveré a pedir: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar las delicias del Señor. No se gozará esta felicidad en el trabajo. Vacad y ved, ¿qué? Que yo soy el Señor. Y aquello de Recostaos y comed es lo mismo que vacad y ved. No pensemos a lo carnal ni se nos vengan a las mientes los festines de Venus, si vale decirlo así. Estas cosas pasarán, han de ser toleradas, no amadas. Si quieres hacer en ellas el oficio de Marta, haya modestia, haya misericordia; modestia en moderar, misericordia en dar. Pasa el trabajo y viene el descanso, pero el descanso no se da sino por el trabajo. Pasa la nave y llega a la patria, pero a la patria no se llega sino en la nave. Nosotros, atendiendo a las olas y tempestad de este siglo, somos navegantes. Y no dudo que no nos hundimos porque somos llevados en el leño de la cruz.

CFR. Obras de San Agustín Tomo X, BAC 1965, págs. 368-377

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Sacerdote Eudista

 

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