Guías Homiléticas -- XIV DOMINGO ORDINARIO

Dt 30, 10-14 / Sal 68, 14 y 17.30-31.33-34.36ab y 37 / Col 1, 15-20 / Lc 10, 25-37
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10 JULIO

Del santo Evangelio según san Mateo 5, 27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Han oído el mandamiento ‘no cometerás adulterio’. Pues yo les digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: ‘El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio’. Pues yo les digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio”.

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Palabra del Señor.

EN EL CAMINO DE LA VIDA, UN ASALTADO SE ENCUENTRA CON LA MISERICORDIA Y ES ABRAZADO POR LA COMPASIÓN

El texto del evangelio del Domingo, tiene dos partes, la primera es la pregunta que le hace el maestro de la ley al Señor y la segunda es la parábola. Nosotros no podemos detenernos en la parábola como si fuera un simple cuentico para sacar una moraleja, es importante reconocer que las mismas tienen una finalidad de enseñanza y su mensaje para nosotros hoy, es una manera de enseñar muy propia en la vida de Jesús y en la vida de las personas que como nosotros vivimos casos parecidos.

El mensaje que quiere comunicar Jesús es reconocer cómo obra el Señor en la vida de las personas, como quien dice cómo comunica su Buena nueva, cómo se vive el Reino de Dios en la vida de las personas por medio de ejemplos que comunican por sí mismos la lógica de Dios. Veamos, por ejemplo, la parábola de la oveja perdida; si expresamos en términos simplemente económicos, sería impensable dejar noventa y nueve solas por una que se perdió, en la lógica de rentabilidad es mejor conservar más que dedicarse a una, pero para el Señor lo que importa son todas las ovejas, hasta la que estaba extraviada y sin posibilidad de salvación.

LA PRAXIS DE LA SOLIDARIDAD Y DE LA MISERICORDIA DEL BUEN SAMARITANO

El compromiso de la vida es sobre las situaciones que se presenten en el camino, ante una realidad violenta: asaltado en el camino, robado, herido, indiferencia, todos los sentimientos de puro e impuro, se reflejan en la incapacidad de colaborar al otro y ayudarlo asumiendo su pecado, incluso su impureza ritual.

El mensaje del samaritano ayuda incondicionalmente y apuesta por el herido del camino sin importar sus consecuencias y que es de amplia generosidad.

El evangelista Lucas nos introduce enseguida en el marco de la subida de Jesús a Jerusalén como lugar. Así, el evangelista nos lleva a explorar el corazón de Jesús: puro amor, pura misericordia, pura compasión, puro don, puro amor… todo esto ayuda a comprender el carácter de la misión con sus correspondientes características de la misma misión, antecede el texto de la misión, donde reflexionamos sobre las tristeza y alegrías de la misión, el autor quiere resaltar el corazón compasivo del misionero, en este contexto a través de una parábola del samaritano bueno.

¿Cuál es la intención del autor?

Lucas ayuda a las comunidades a comprender mejor en qué consiste la Buena Nueva del Reino. Lo hace presentando a personas que vienen a hablar con Jesús y le plantean preguntas. Eran preguntas reales de la gente en el tiempo de Jesús y eran también preguntas reales de las comunidades del tiempo de Lucas. Así, en el evangelio de hoy, un doctor de la ley pregunta: “¿Qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?”. La respuesta, tanto del doctor como de Jesús, ayuda a comprender mejor el objetivo de la Ley de Dios.

Los verbos del texto: vio, compadeció, se acercó, lo curó, lo vendó, lo subió en su propia cabalgadura, lo llevó al alojamiento seguro, lo cuidó, sacó dinero, dio dinero, dijo, cuide, gasta de más, pagaré, regresaré.

LA DESNUDEZ DE NUESTRA REALIDAD

La condición de estar sin nada, es una forma de decirnos “buenos para nada”. En función capitalista, no existen, pero la desnudez si existe, el hambre es real, los dolientes, pobres e inútiles existen en nuestros barrios. Esa desnudez que generan nuestros sistemas injustos, los que tienen a la humanidad al borde como la película en cartelera “al borde del abismo”: hagamos de cuenta que estamos al borde de un abismo profundo donde existe incertidumbre, estamos desnudos porque así nos han dejado sin casa, carro y beca, por las deudas impagables de intereses. Los bancos están bien vestidos, nuestros cuerpos están desnudos, nosotros estamos desnudos ante Dios, así como nuestros padres en el paraíso, que ante el pecado se sintieron avergonzados, porque estaban desnudos ante Aquel que nos ve el corazón, así como cuando Dios le reclamó a Caín: ¿dónde está el justo Abel? La respuesta sigue siendo la misma ante el Señor que nos descubre y nos desnuda en el pecado: “¿Acaso seré yo el guardián de mi hermano?”.

LA COMPASIÓN ES ABRAZAR

El samaritano sintió compasión. La actitud de sentir lástima es propia del cristiano porque sufre el dolor del otro. Es ponerse en su lugar, el hombre está medio muerto porque fue golpeado, apaleado por unos bandidos. Aquí las consecuencias del pecado, de la maldad, están dibujadas en el rostro, pero solo el samaritano sintió compasión. Ni el sacerdote ni el levita, por sus respectivas preocupaciones de llegar a sus lugares de culto, no quieren mancharse, ni hacerse impuros… en cambio la actitud del buen samaritano cuando ve al herido del camino y siente compasión por el hermano. Es fácil juzgar y decir cosas de los demás, pero ¿dónde está la caridad cristiana? El verdadero servicio del samaritano, como su actitud, está en las siguientes acciones: Comprendió el sufrimiento del “Otro” La misericordia samaritana no se reduce a un mero sentimiento empático, incluye además la acción por aliviar el sufrimiento del otro y el riesgo de compartir su destino. El término griego (esplagchnisthe) elegido por Lucas, significa abrazar visceralmente, con las propias entrañas, los sentimientos o la situación del otro. No se puede confundir compasión con lástima (cf. Juan Antonio Guerrero y Daniel Izuzquiza Vidas que Sobran, los Excluidos de un Mundo en Quiebra (Santander, Sal Terrae, 2003, pp. 64-76).

La compasión comparte el sufrimiento del otro: padece-con. El fruto de esta relación es el amor recíproco: “Hoy por ti, mañana por mí”. Nuestra sociedad ante las crisis humanitarias es muy eficaz organizando mercados solidarios, teletones… Todo esto está bien en cierto sentido, pero lo que debe marcar la compasión es ver el trasfondo o lo que se encuentra en la raíz misma de las situaciones adversas. Hacer una colecta para las personas que perdieron todo por el río u otros fenómenos naturales está bien, pero preguntémonos mejor ¿qué hacemos nosotros o las instituciones para evitar o mitigar las catástrofes?

Las vendas para mitigar el dolor de las heridas. Basta ver la realidad que presentamos y que nos habla a diario, para darnos cuenta de las vendas que de una u otra manera tenemos o somos participes pasivos. Tal vez son vendas en heridas que no sanan, tal vez sean vendas de sistemas o ideologías pasadas que están anquilosadas en nuestras pastorales, por enumerar algunas: la venda de la complejidad (la economía del mercado basa su dinamismo entre la oferta y demanda), la complejidad de la globalización en el sistema neoliberal, las noticias son un ejemplo; lo que sucede en “rinconcito” lo sabemos de inmediato como noticia que afecta y por ende duele, sobre todo cuando muestra algún sufrimiento humano o las necesidades básicas no cubiertas o las víctimas de nuestras comunidades eclesiales.

Otras vendas que también tenemos son las vendas las subculturas: ilegalidad, muerte, violencia…, podríamos mencionar muchas más pero solo quise tomar las más representativas. 

La hospitalidad de las comunidades sigue siendo vigente en la vivencia de la fe que no todas las comunidades dan muestras de solidaridad con el necesitado. Muchas son implacables en reducir o no contar con el “otro” como persona, como igual ser humano, porque nos deshumanizamos y caemos en críticas negativas, nos creemos con derecho a juzgar, pero Jesús dijo: “No juzguen y no serán juzgados” (Lc 6, 37).

 

Es importante, tener la “renovada” actitud de echarle a la herida aceite, que servía para curar, y vino, para desinfectar. Es la Iglesia que llega al sano equilibrio entre asistencialismo y promoción. Una pastoral samaritana es una pastoral que venda la herida, conoce sus necesidades y hace su plan estratégico, que tiene sus momentos entre crisis (herido, apaleado del camino) e indiferencias (sacerdote y levita que dan un rodeo y siguen su camino); y la clave del buen samaritano (que es solidario, venda, cura y lo monta en su propia cabalgadura y lo lleva a un sitio seguro). Esta debería ser la pastoral samaritana, un modelo ejemplar en nuestras parroquias hoy, ser solidario en la acogida a todos, la comunidad fraterna que incluye a todos los hermanos en la fe.

¿Qué le respondo a Dios ante los excluidos, cómo acojo en mi corazón a los necesitados, cómo comparto solidariamente con el necesitado de mi sociedad? ¿Qué le digo a los que se me acercan? ¿Qué tengo en mi corazón, qué me gustaría decirle a Jesús? Pasa un samaritano. ¿Quién es el samaritano en la historia del pueblo de Israel? La palabra samaritano viene de Samaría, capital del reino de Israel en el Norte. Después de la muerte de Salomón, en el 931 a.C., las diez tribus del Norte se separaron del reino de Judá en el Sur y formaron un reino independiente (1R 12, 1-33). El Reino del Norte sobrevivió durante unos 200 años. En el 722, su territorio fue invadido por Asiria. Gran parte de su población fue deportada (2R 17, 5-6) y gente de otros pueblos fue traída hacia Samaria (2R 17, 24). Hubo mezcla de raza y de religión (2R 17, 25-33). De esta mezcla nacieron los samaritanos. Los judíos del Sur despreciaban a los samaritanos considerándolos infieles y adoradores de falsos dioses (2R 17, 34- 41). Había muchas ideas preconcebidas contra los samaritanos. Eran mal vistos. De ellos se decía que tenían una doctrina equivocada y que no formaban parte del pueblo de Dios. Algunos llegaban hasta el punto de decir que ser samaritano era cosa del diablo (Jn 8, 48). Muy probablemente, la causa de este odio no era solo la raza y la religión. Era también un problema político y económico, enlazado con la posesión de la tierra. Esta rivalidad perduró hasta el tiempo de Jesús. ¿Quién es el buen samaritano? Jesús, las comunidades, los sacerdotes de hoy en día que salen al encuentro del más necesitado, del pobre, del indigente, del lastimado y humillado, se convierte en una Iglesia solidaria. Acciones del samaritano: Ve, es movido a compasión, se acerca, cuida las llagas, lo monta sobre su cabalgadura, lo lleva a la hospedería, da al dueño de la hospedería dos denarios, el sueldo de dos días, diciendo: “Cuida de él y si gastas algo más te lo pagaré cuando vuelva”. Es la acción concreta y eficaz. Es la acción progresiva: llevar, ver, moverse a compasión, acercarse y salir para la acción Enseguida, llega un samaritano que estaba de viaje y regresa de viaje, pero el valor está en que hace las cosas no por el aplauso ni por el ser tenido en cuenta en la sociedad, ni por brillar, sino porque tiene actitudes de compasión, hacerse cargo hasta el extremo…

El hecho o acontecimiento en el camino. Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, distará unos kilómetros entre las dos ciudades, será bajando, como quien dice, en un camino pedregoso, difícil, peligroso, asaltantes, violentos, no les importa nada los que vienen por el camino, la violencia toca las fibras más sensibles de la sociedad, los violentos se confabulan en contra del trabajador, del honesto, del que viene atravesando el camino del sudor y esfuerzo propio de aquella época, pareciera que va a la boca del lobo, hace algunos días lo decía el evangelio sobre el mandato misionero en medio de lobos, pero en esta parábola pasa algo que siempre ha pasado y seguirá pasando en la sociedad, tiene la escena toda una serie de situaciones y cargas de violencia: unos bandidos, lo asaltan le quietan todo y lo dejan mal herido en el camino, sin que nadie lo auxilie, casi muerto o con posibilidades para que muera desangrado si no tiene quien lo auxilie.

LOS PERSONAJES QUE PASAN POR EL CAMINO

En la parábola aparecen los personajes por el camino, son tres tipos o prototipos de personajes de todos los tiempos, no solo estamos hablando de un relato anacrónico a nuestra realidad, sino de una parábola que nos comunica un mensaje, más allá de los personajes anacrónicos, es importante analizar detenidamente las actitudes de los mismos. Queriendo reflexionar de manera sencilla, pero profunda, sobre la realidad y sus problemáticas, para ayudar a leer la historia desde la fe, la esperanza y la propuesta del Papa hoy: sembrar paz, acorde a la propuesta del san Francisco de Asis, donde el hombre, lastimosamente ha sido esclavizado y privado de su libertad: “La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, queda privada de la libertad, mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro…, hasta el punto de que muchos dejan de ser considerados seres humanos con una dignidad inalienable y pasan a ser solo ‘ellos’. La soledad, los miedos y la inseguridad de tantas personas que se sienten abandonadas por el sistema hacen que se vaya creando un terreno fértil para las mafias” (No. 24.27 y 28, Fratelli Tutti, carta encíclica del santo padre Francisco sobre la fraternidad y la amistad social. San Pablo, 1ª edición, 2020). 

Querer expresar la solidaridad desde la parábola de la buena voluntad. No es solo el buen samaritano, sino todos “nosotros” que vivimos y convivimos en una casa común, expresión del papa Francisco, casa viene de Oikos, que es espacio vital, por qué no hablar de la casa común: cosmos, mundo, sociedad, ciudad, hogar, Iglesia. Donde todos compartimos parte de ese espacio en fraternidad de hermanos y amigos.  

 

LOS PASOS DEL BUEN HOMBRE, O DEL BUEN SAMARITANO QUE TIENE COMPASIÓN DEL HOMBRE

 

  1. Los asaltantes

Son personas y estructuras económicas, sociales y políticas del neoliberalismo y del populismo, corporaciones y multinacionales  que producen víctimas, desigualdades, descartados, refugiados, guerra y armamentos nucleares, muertos de hambre, marginación de mujeres, de ancianos y niños, trata de personas, quienes no respetan la vida, provocan hambre y paro juvenil, traficantes de órganos, mafias que explotan a los migrantes, empresas nacionales y multinacionales que destruyen la naturaleza, construyen muros contra los migrantes y les cierran sus puertos, no les dan papeles ni los reconocen como ciudadanos, no  ayudan a que todos tengan techo, trabajo ni tierra, fomentan la ideología del mercado y el consumismo, y todo ello con una globalización que destruye culturas locales, busca únicamente el lucro, ganancias, bienestar material, sin ninguna sensibilidad por los que quedan al margen. Se fomenta la violencia, la venganza, el odio, no hay diálogo ni perdón. En palabras de Salvador Dellutri, el pensamiento se vuelve antropocéntrico, es el hombre queriendo escalar una cima que lo ponga por encima de Dios. La antigua tentación persiste con su fascinación de antaño: “Serán como dioses…” vuelve a susurrar la serpiente y siempre encuentra voluntades dispuestas a responder su propuesta. En palabras del papa Francisco: “La Biblia plantea el desafío de las relaciones entre nosotros, Caín destruye a su hermano Abel” (Gn 4, 9). La respuesta es la misma que frecuentemente damos nosotros: “¿Acaso yo soy guardián de mi hermano? (ibíd.)” (No. 57, Fratelli Tutti, carta encíclica del santo padre Francisco sobre la fraternidad y la amistad social. San Pablo, 1ª edición, 2020).

  1. El hombre herido

Son todas las víctimas del sistema actual antes mencionadas. Ha habido un retroceso respecto al pasado. La pandemia ha desnudado estas situaciones de marginación y vulnerabilidad de los sectores pobres. “Hay una motivación para ampliar el corazón de manera que no excluya al extranjero, que puede encontrarse ya en los textos más antiguos de la Biblia” (No. 61, Fratelli Tutti, carta encíclica del santo padre Francisco sobre la fraternidad y la amistad social. San Pablo, 1ª edición, 2020). Pero tambien situaciones actuales como la falta de recursos sanitarios para todos, las grandes diferencias sociales entre países y continentes, el peligro de que la vacuna no llegue a todos. Hay que escuchar el clamor de los pobres, de las mujeres, de los indígenas, de los niños y ancianos.

 

  1. Los que pasan de largo

El sacerdote, tenía la concepción de lo puro e impuro, va directo al culto y no puede detenerse, porque tenía que guardar 24 horas sin tocar sangre (símbolo de impureza), por mínimo, antes de celebrar o ejercer sus ceremonias. El levita, al igual que el sacerdote.

Son dirigentes políticos, sociales y también religiosos que no se comprometen, se limitan a pronunciamientos, buscan sus intereses nacionales y populares, se dejan corromper, cierran los ojos a los desastres de las multinacionales, no cumplen lo prometido, creen que la situación no es tan grave, que la ciencia y la técnica todo lo arreglará, o por el contrario, que todo está tan mal que ya no hay remedio, no hay nada qué hacer, el problema es tan grande que yo no puedo hacer nada: “Pasaron varios a su lado, pero huyeron, no se detuvieron. Eran personas con funciones importantes en la sociedad, que no tenían en el corazon el amor por el bien común”(No. 63, Fratelli Tutti, carta encíclica del santo padre Francisco sobre la fraternidad y la amistad social. San Pablo, 1ª edición, 2020).

  1. El Buen samaritano

Somos todos “nosotros” que nos identificamos con el dolor ajeno, es el pueblo que en tiempo de Jesús era tenido como hereje, pagano, cismático e indeseable, representa todas las personas de buena voluntad, que desde cualquier religión o sin ella, ayudan al necesitado, al prójimo, buscan la colaboración de otros. Son los que van más allá de su cultura y nación, se abren a toda la humanidad, al extranjero, al necesitado, al pobre y marginado. “Porque san Francisco, que se sentía hermano del sol, del mar y del viento, se sabía todavía más unido a los que eran de su propia carne. Sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos” (No. 2, Fratelli Tutti, carta encíclica del santo padre Francisco sobre la fraternidad y la amistad social. San Pablo, 1ª edición, 2020). No podemos quedarnos con la cultura del descarte al alimento, a los bienes y al hombre. Ahora tenemos el buen samaritano que es Jesús, quien cura las heridas, con el vino y el aceite, el uno desinfecta y el otro evita que se llene de infecciones. Jesús el buen samaritano, porque tuvo compasión (sufrir con, tener entrañas de misericordia, porque sabe del sufrimiento y lo comparte o mejor aún lo asume), Jesús miró con ternura la humanidad caída en la profunda herida del pecado y sus terribles consecuencias.

 

Sin embargo, Francisco va más allá, no se limita a exhortar a curar a los heridos de hoy sino que propone un cambio global de sociedad para evitar que estos hechos se vayan reproduciendo: luchar contra las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad, la falta de trabajo, tierra y vivienda, la prioridad a la vida de todos por encima de la apropiación de bienes de algunos. Cuidar la casa comun, porque todos hacemos parte de la misma y todos estamos conectados y hoy se muestra que lo que uno hace afecta al otro. Pero la esperanza sigue intacta, celebrar la Navidad desde la esperanza de la buena noticia de Jesús que sigue siendo vida sobre la muerte, sigue sanando las heridas de muchas personas que han sido lastimadas desde su niñez o durante su vida. La sociedad está herida por la injusticia y la desigualdad, y la paz que proclama san Francisco de Asis es de una paz con la casa común.

EN CAMINO SINODAL

Es el compromiso con la casa común, implica caminar hacia un mundo más fraterno y de paz. El Papa sueña con un mundo como casa común, que favorezca la unión de las naciones y se dan ejemplos de integración en diferentes contextos como el nuestro, el Latinoamericano. “Soñemos como una única humanidad, como caminates de la misma carne humana, como hijos de una misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos…, cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos. Pero necesitamos constituirnos en un ‘nosotros’ que habita la casa comun”  (No. 8 y 17, Fratelli Tutti, carta encíclica del santo padre Francisco sobre la fraternidad y la amistad social. San Pablo, 1ª edición, 2020).

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Sacerdote Eudista

 

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