Guías Homiléticas -- PENTECOSTÉS

Hch 2, 1-11 / Sal 103, 1ab y 24ac.29bc-30.31 y 34 / 1Co 12, 3b-7.12-13 / Jn 20, 19-23
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5 junio

Del santo Evangelio según san Juan 7, 37-39

En Estando Jesús en el Templo, el último día, el más solemne de la fiesta, en pie gritó: “El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: ‘de sus entrañas manarán ríos de agua viva’”.
Dijo esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en Él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado .

Palabra del Señor.

ESPÍRITU SANTO ¡VEN!

EL GRAN REGALO A NUESTRA IGLESIA

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La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles contiene un testimonio precioso sobre los orígenes del cristianismo. En él se encuentran cómo fueron naciendo las primeras comunidades cristianas a partir de pentecostés y cómo se extendió el Evangelio por todo el Imperio Romano.  En aquella fiesta los judíos recordaban y celebraban el don de la ley en el Sinaí. Este Domingo la liturgia nos ofrece  a analizar, entre ellos:

Reunidos en comunidad: están congregados los discípulos en un lugar, en el contexto de una casa. Ampliemos la mirada.

El Espíritu Santo, prometido por Jesús, estaba actuando en y pro de ellas. La gente que oía su testimonio se convertía. Las persecuciones confirmaban su fe y su decisión de seguir anunciando la buena nueva. Está surgiendo, pues, una nueva comunidad de hombres y mujeres que vivían como hermanos y unánimes en la oración, solidarios en el día a día,  pues compartían todo, alegres porque estaban convencidos de estar inaugurando los tiempos nuevos prometidos por Jesús.   Ruido del cielo, como un viento recio, nadie sabe de donde viene, ni a donde va, el viento del Espíritu Santo.

La segunda lectura nos invita a los hermanos: Nadie puede decir "Jesús es Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo. La Iglesia es ministerial, todos formamos una familia en la diversidad, tenemos unidad.

Querer comprender el evangelio como un discurso más o querer analizar el texto sacándolo de su contexto no es conveniente para un lector-receptor, pero querer comprender el texto es su contexto y descubrir en el mismo el mensaje del Señor, es más que necesario a la hora de leer un texto en la liturgia – como centro de la celebración de nuestra fe, es urgente actualizarlo al día de hoy y encontrar en el mismo su mensaje profundo que toca nuestra realidad (social, cultural, política) y nos hace descubrir en lo profundo de nuestro corazón su mensaje y su propósito para nosotros.

1. EL DON DE LA PAZ

Tres veces se repite la palabra paz

Esta paz es un don del Señor, no sólo es un discurso, ni necesita de mesas de negociación, ni siquiera el mundo nos da la paz, porque la paz para el mundo es exclusión, solución de conflictos, alcanzar la paz es un don de Dios, que requiere apertura humana, es llegar a la paz de corazón, es estar en paz con Dios y los hermanos, no porque no existan problemas o dificultades, sino porque sabemos responder ante las adversidades y dar la adecuada solución a los mismos conflictos. Hay todo un mundo de realidades que nos impiden estar en paz con Dios y con nosotros mismos, entre ellos, los miedos, complejos diversos que nos atan, vicios y hábitos perniciosos, prejuicios, recuerdos no sanados, heridas de la vida, emociones no dominadas.  Al mostrarles las llagas, les está manifestando que el mismo crucificado es el mismo resucitado: el resucitado es el que murió en la cruz. Cruz y resurrección no son mitades: son dos aspectos de una única y total realidad.

Una muestra de amor, es signo de dar la vida, porque su amor supera cualquier límite e incluso cualquier sentimentalismo. Es un amor de ágape (entrega) y filia (amor de amistad).

2. EL DON DE LA COMUNIDAD

Compartir la misión y la experiencia del resucitado tiene en la comunidad, sus consecuencias inmediatas: ella es enviada con la misión del Señor. Su autoridad no se impone, porque es la autoridad del Señor que él nos da, porque Jesús nos hace participes su misma misión. La misión del Señor es que “hagan esto en memoria mía”, “yo mismo fui quien os elegí”, “no te pido que los saques del mundo sino que los preserves del mal”, “los envío de dos en dos”… y Jesús soplo sobre ellos, la “Ruah”, el “aliento vital” de Dios. Soplar o insuflar, en donde aparece por única vez en el Nuevo Testamento.

Me pareció muy importante retomar el escrito P. Javier Leoz, adaptado libremente a la vida en comunidad y según las características que nos da el Espíritu Santo. La comunidad no está echa, la comunidad se hace en el diario vivir:

Comunidad de perdón y misericordia

“Una comunidad del perdón y la misericordia, dice mucho cuando es de Jesús
Cuando, habla de Jesús y no de sus reuniones
Cuando anuncia a Jesús y no se anuncia a sí misma
Cuando se gloria de Jesús y no de sus méritos
Cuando se reúne en torno de Jesús y no en torno de sus problemas
Cuando se extiende para Jesús y no para sí misma
Cuando se apoya en Jesús y no en su propia fuerza
Cuando vive de Jesús y no vive de sí misma
Una comunidad dice mucho cuando es de Jesús
Una comunidad dice poco cuando habla de sí misma
Cuando comunica sus propios méritos
Cuando anuncia sus reuniones
Cuando no da testimonio de su compromiso
Cuando se gloría de sus valores
Cuando se extiende en provecho propio
Cuando vive para sí misma
Cuando se apoya en sus fuerzas

Una comunidad no se tambalea por los fallos, sino por la falta de fe
No se debilita por los pecados, sino por olvido de Jesús
No se queda pequeña por carencia de valores, sino porque Jesús dentro de ella es pequeño
No se ahoga por falta de aire fresco, sino por asfixia de ausencia de Espíritu de Jesús
Una comunidad sólo se pierde cuando ha perdido a Jesús
Una comunidad convence y llena cuando es la comunidad de Jesús
Una comunidad es fuerte, cuando Jesús dentro de ella es fuerte
Una comunidad pesa, cuando Jesús dentro de ella tiene peso
Una comunidad marcha unida, cuando Jesús está en medio
Una comunidad se extiende, cuando extiende a Jesús
Una comunidad convence y llena, cuando es la comunidad de Jesús”.

  • 3. EL DON DEL ESPÍRITU SANTO

    La paz y el perdón de los pecados El amor desborda, no tiene límites, “nadie tiene más amor que aquel que da la vida por sus amigos y ustedes son mis amigos”… “que te conozcan a ti único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo”…, no existe otra opción o somos de él o no vale la pena vivir, él nos capacita, en últimas la meta es ser otro Jesús.

¿Qué significa el perdón hoy (en una sociedad resquebrajada en sus valores)?

Sabemos que es acción no humana, sino de Dios en lo humano, el Señor se encarna en la realidad, la humanidad, no actúa en contra de lo humano, sino a partir de lo humanos, porque desconocer el perdón, es desconocer al Señor. Ser perdonado por el Señor es dejarse recrear por él, pasa de su corazón de “piedra” a un corazón renovado, nuevo, lleno de amor… como quien dice nos hace capacidad de Dios. Quien acoge a Jesús se siente salvo, se siente acogido por el perdón de los pecados y entra en comunión con Dios. El Señor también da autoridad para “retener”, hoy no podemos seguir viendo esto como una amenaza, sino como una nueva pedagogía del Señor que quiere que todos se salven y alcancen el conocimiento y la verdad.

El pecado es como un “virus”, afecta nuestra vida y la del otro, porque el virus tiene su consecuencia en la humanidad, en el caso del pecado en la sociedad y en la comunidad, en el caso de la informática el sistema debe tener un buen “antivirus” para entrar en “cuarentena” en caso que sea muy fuerte o si no daña el sistema. En el caso del pecado, necesitamos un “nuevo corazón”, alimentarnos de las armas del Señor: la fe, su palabra, la Eucaristía para que el Señor nos proteja del mal, nos preserve, la comunión es el “antivirus” para estar en comunión con el Señor. Por eso él capacita a sus apóstoles (ministros) en la autoridad para “atar o desatar” y “perdonar o retener” como un llamado pedagógico para cambiar y mejorar, por eso es importante dejarnos recrear por el Señor, si desconocemos la realidad desconocemos los problemas de la realidad, suele pasar con personas “moralistas” que desconocen la realidad, no la interpretan o no la saben leer, las entrelineas en la historia, son los signos de Dios, que debemos saber leer, pero sin desconocer la realidad y la posibilidad de mejorar y asumir en la vida los derechos y los deberes que todos tenemos.

¿En tu vida desconoces el don de Dios y la acción del Espíritu Santo en tu vida? ¿Qué relación existe entre el atar y el desatar? ¿Interpretas el “atar” como una ley peyorativa o una ley que no te ayuda a liberarte de la esclavitud del pecado? ¿Es importante no desconocer la gracia y la pedagogía del Señor en la historia de la vida, de las comunidades y grupos de oración?

APORTE PASTORAL

También Santa Catalina de Siena (+ 1380) recibió especialísimos favores del Espíritu Divino.

“Esta Santa se hallaba en íntima relación espiritual con el Divino Salvador. Pocos creerían que almas tan especialmente bendecidas por Dios, no nadan siempre en inefables consuelos, sino que a menudo tienen que sufrir luchas durísimas. Y así es en verdad. Largo tiempo tuvo que sufrir Santa Catalina las tentaciones más bajas y viciosas en pensamientos y deseos, de los que sólo a fuerza de grandes trabajos conseguía librarse. Cierta vez que acababa de sobrellevar una de estas fatigas, y comenzaba a conseguir algún reposo, preguntó al Divino Salvador : “¿Por dónde andabas tú, Dios y Señor mío, mientras los enemigos me combatían tan rudamente?” Y contestóle el Señor : “Repósate Catalina. Yo estaba en medio de tu corazón”. Pero, prosiguió la Santa: “¿ Cómo podías estar en mi corazón, si éste se hallaba mancillado por los pensamientos más impuros y los deseos más torpes?” El Salvador le preguntó entonces: “¿Qué te traían estos pensamientos impuros, alegría o tristeza, placer o dolor ¿” Ah, suspiró, Catalina, me causaban una gran aflicción y no poco dolor. Jesucristo le dijo entonces: “¿ Sabes de qué previno tu aflicción, y el que no te entregaras a las malas ideas que asaltaban tu mente? Pues que yo habitaba en medio de tu alma”. En el alma del justo habita el Señor como en la casa del publicano, y especialmente por la virtud del Espíritu Santo”.

(Cfr. Catecismo en Ejemplos, Apéndice, Spirago, Ed Plíglota 1929, pag 54-56,58-59).

APORTE SINODAL

Quiero agradecer al Padre Fidel Oñoro, Cjm por su amable gentileza al invitarnos a orar desde la Lectio Divina en este Domingo y como propuesta en el camino sinodal, quiero compartirles su reflexión de su autoría en este camino sinodal donde queremos sintonizarnos con la Iglesia que escucha y aprende del dialogo siempre nuevo, bajo el impulso del Espíritu Santo nuestras comunidades se renuevan volviendo a lo fundacional y en apertura a su presencia siempre viva en nuestra Iglesia:

“En la Palabra de Dios, el término “Espíritu” traduce el término hebreo “Ruah”, que significa soplo, aire, viento.

Aparece a lo largo del AT:

En la creación:

ya en los primeros versículos del Génesis, tanto en la creación de la tierra (Gn 1, 2) como en la del hombre (Gn 2,7).

En la promesa:

Dios promete a Abraham una descendencia como fruto de la fe y del poder del Espíritu Santo (cf. Gn 18, 1-15). Esta promesa de descendencia culmina en la acción del Espíritu Santo sobre la Virgen María (Lc 1, 16- 38) En las Teofanías (manifestaciones de Dios): Dios se deja oír cubierto por la nube del Espíritu Santo (cf Ex 19,9).

En la misión del profeta:

el Espíritu de Dios está sobre el profeta y es fuerza que le anima a anunciar la liberación y la buena noticia a los pobres (Is 61, 1-3)

En la espera del Mesías anunciado por el profeta:

el Mesías anunciado es el prefigurado en los Cantos del Siervo (cf Is 42, 1-9) y sobre Él reposará el Espíritu del Señor (Is 11, 1-2). En el amor y fidelidad del Señor: los profetas saben del amor y la fidelidad de Dios derramado a través de su Espíritu (Ez 36, 26-29).

En el ministerio de Jesús y su promesa en el Nuevo Testamento:

Jesús le llama “Paráclito”, literalmente “aquel que es llamado junto a uno”. Es el que viene a consolar, pero su presencia se hace especialmente manifiesta en determinados momentos:

En el Precursor:

Juan está lleno del Espíritu Santo desde el Seno de su madre (Lc 1, 15). Su misión queda marcada por esta presencia (Lc 1, 16-17).

En la Encarnación:

La Virgen concibe con y por medio del Espíritu Santo, por eso el que va a nacer se llamará Hijo de Dios (Lc 1, 35)

En el Bautismo:

El Espíritu Santo baja sobre Jesús inaugurando así los tiempos mesiánicos y manifestando el amor del Padre (Lc 4, 21-22)

En la predicación de Jesús:

Jesús promete la venida del Espíritu Santo cuando llegue la hora en que sea glorificado, sin embargo ya enseña y habla de Él durante su predicación. Lo sugiere a Nicodemo (Jn 3, 5-8), a la Samaritana (Jn 4, 10 ss) a los que participan en la fiesta de los Tabernáculos (Jn 7, 37-39), a sus discípulos (Mt 10, 19-20)

En la Cruz:

La entrega de Cristo como víctima en la Cruz la hace en el Espíritu (Heb 9,14). El Espíritu de Dios resucitó a Jesús y ese mismo Espíritu nos resucitará porque habita en nosotros (Rom 8,11)

En Pentecostés:

se trata del acontecimiento clave por el que se manifiesta, da y comunica el Espíritu como Persona divina. En ese día se revela plenamente la Santísima Trinidad. Pentecostés marca un antes y un después en la conciencia y misión de la Iglesia naciente (Hch 2, 1-4)

En el amor de Dios:

Dios derrama su amor en nuestros corazones al darnos su Espíritu Santo (Rom 5,5).

LOS SÍMBOLOS DEL ESPIRITU SANTO EN LA IGLESIA

El Espíritu Santo aparece simbolizado en la Sagrada Escritura y en la Liturgia de diversas maneras y a través de distintos elementos:

El agua: el simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo

La unción: Mesías significa “Ungido” del Espíritu Santo. La unción con óleo es significativa del Espíritu Santo hasta el punto de convertirse en sinónimo suyo (1 Jn 2, 27).

El fuego: el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo

La nube y la luz: estos dos símbolos son inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. Aparece con Moisés en la montaña del Sinaí (Ex 24, 15-18), con Salomón en la dedicación del Templo (1 R 8, 10-12) y especialmente en la Transfiguración del Señor (Lc 9, 34-35).

El sello: es un símbolo cercano al de la unción. Dios nos ha marcado con su sello (2 Cor 1, 22). Se subraya así el carácter indeleble de los sacramentos que incorporan la Unción (Bautismo, Confirmación, Orden).

La mano: a través de la imposición de manos Jesús cura a los enfermos (Mc 6, 5), bendice a los niños ( Mc 10, 16) y en su nombre los apóstoles harán lo mismo (cf Mc 16, 18; Hch 5, 12). Además por la imposición de manos se transmite el Espíritu Santo (Hch 8, 17-19)

La paloma: aparece simbolizando el Espíritu Santo en el diluvio (que preconiza el bautismo) (Gn 8, 8-12) y en el bautismo de Jesús (Mt 3, 16).

En la iconografía cristiana la paloma sugiere al Espíritu Santo” (P. Fidel Oñoro, Cjm).

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm

Sacerdote Eudista

 

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