PROTECCIÓN DE MENORES DE EDAD Y PERSONAS VULNERABLES


Contextualización

A propósito del Motu Proprio Vosotros sois la luz del mundo, del papa Francisco, publicado el 2019, la Iglesia está en un proceso de sinergia con la sociedad civil en lo que respecta a una mutua colaboración entre el derecho penal y el canónico para la protección de menores de edad y personas vulnerables. Este es el primer documento oficial del Vaticano desde la reunión realizada a principios de año sobre el tema de abusos en la Iglesia. Habrá más disposiciones al respecto. Mientras tanto, cada Conferencia Episcopal está organizando comités, comisiones y consejos dedicados exclusivamente al tema de la protección de menores de edad y personas vulnerables.

La Conferencia Episcopal colombiana no está ajena a esta necesidad. Ya ha creado un Consejo Asesor conformado por personas de diferentes disciplinas: abogados civiles y canónicos, psiquiatra, sicólogo, trabajadora social y comunicador. Las tareas de este Consejo son variadas, según la índole de esas diferentes disciplinas.

Desde luego que todo lo relacionado con el derecho actualmente es una prioridad. La ley civil lo exige por la urgencia del problema enraizado en la misma sociedad. Por eso, las instituciones educativas y todos los ámbitos en los que se tenga que relacionar con menores y vulnerables, como en parroquias y ámbitos de pastoral, han ido creando protocolos para la protección del abuso sexual.

Cada diócesis y comunidad religiosa están comprometidas en esta tarea. El Consejo Asesor está diseñando orientaciones sobre tan delicado tema. Se busca crear un ecosistema institucional para que se proteja del abuso a partir de unas reglas de comportamiento y de procesos a seguir en caso de que tal situación se genere. La idea es que no se siga actuando como lamentablemente se ha hecho en el pasado.

Algunas precisiones sobre el significado del abuso sexual

Por razones obvias del objetivo de la revista, me limito a resumir algunas definiciones:

Las directrices de los diversos protocolos en las diferentes instituciones educativas y de actividad pastoral, están basadas en el concepto general de la Organización Mundial de la Salud, de la UNICEF y desde luego en el Código Civil colombiano, sobre lo que se denomina maltrato infantil. Como aquí no es pertinente alargar las diversas disposiciones, me limitaré a lo que en general se coincide en denominar maltrato, como “maltrato físico y emocional, abuso sexual, desatención y tratamiento negligente de los niños, como de su explotación con fines comerciales o de otro tipo” (OMS 2009).

Resumiendo: Se entiende como abuso sexual cualquier actividad sexual con niños, niñas o adolescentes. Incluye el contacto sexual entre un adulto y un niño, niña o adolescente. Es cualquier forma de contacto físico, con o sin acceso carnal, realizado sin violencia o intimidación, con o sin consentimiento. Puede incluir caricias o proposiciones verbales explícitas.

El abuso sexual afecta profundamente los procesos de desarrollo de la persona. Sus consecuencias pueden hacerse presentes de manera inmediata o con posteridad. Sus efectos se evidencian incluso en dimensiones distintas a lo sexual.

Algunas consideraciones para prevenir que los niños, niñas y adolescentes sean víctimas del abuso sexual

El ámbito familiar debe ser acogedor y generar confianza para el diálogo y la información. Generarles un sentido de confianza para que puedan hablar y preguntar; mostrarles que se está dispuesto a escuchar sus problemas, inquietudes y comentarios. Un niño o niña bien informado y con vínculos afectivos fuertes y que tenga una buena comunicación con adultos que son referencias importantes para él o ella, es menos propenso a ser abusado o abusada sexualmente.

Existen muestras de afecto y acogida muy significativos para los niños, niñas y adolescentes que están más relacionadas con la comprensión y la escucha, que con el contacto físico. Por eso se recomienda evitar gestos de afecto que involucren contacto físico con niños, niñas y adolescentes excepto cuando resulta un gesto importante de acogida frente a una realidad que lo amerite, pero teniendo en cuenta que los abrazos no sean iniciados por los adultos y que tales abrazos no se prolonguen indebidamente.

Que los gestos de cariño no involucren ningún elemento de estimulación o gratificación sexual, ni para el adulto ni para el niño, niña o adolescente. Que se evite, con ellos, el uso de frases, videos, fotografías o imágenes a través de celulares, dentro de la institución, para prevenir que sean usadas en las redes sociales.

Se pide no alimentar una relación de dependencia que puede surgir por cualquier motivo y mucho menos encontrarse a solas con ellos o en un lugar cerrado. Tampoco es aconsejable visitarlos o llevarlos a domicilios privados.

Todas las instituciones educativas, con fines de evitar el abuso, deben construir un protocolo muy estricto y exigente que se debe cumplir cuidadosamente. Lo anterior es solo una muestra.

En el ámbito de la formación sacerdotal y religiosa

No hay duda de que se le debe dar una importancia especial a lo que se llama la dimensión humana de la formación. Y en este sentido, todo proyecto de formación psicoafectiva y sexual se debe construir de manera seria y basado científicamente en las ciencias humanas y en un contexto de antropología de la vocación cristiana, unitaria.

Se debe pasar ya de una formación temerosa del tema o solo conversado debajo de la mesa, y basada únicamente en la contención de pulsiones, a una visión integral de la sexualidad que supera la visión genital y la integra mejor a una visión relacional.

Los cursos o talleres sobre el tema sexual y afectivo se han limitado a conferencias durante una semana. ¡Pero nada más! Es como un curso más dentro del programa de estudios. Pero la formación psicoafectiva y sexual dura toda la vida y pertenece a un Proyecto de vida que abarca las varias etapas de los seres humanos, desde la infancia hasta la ancianidad. En este sentido, hay que ir diseñando verdaderos programas de educación integral de la sexualidad en el largo proceso de formación inicial que debe ser progresivo y en función de que después de esa formación inicial, el consagrado o la consagrada, tengan herramientas para seguir su proceso de integración psicoespiritual.

En este ámbito, desde el inicio de la formación, se debe dar importancia al acompañamiento personal con alguien apropiado y no solo visitar al psicólogo cuando ya existan dificultades. En muchos casos se ha dejado esta dimensión de la formación para ciertos momentos con el psicólogo, pero no se ha integrado al proyecto formativo completo donde la cuestión se pueda dialogar seria y serenamente.

Los abusos sexuales en la Iglesia han provenido de abusadores que ya lo eran en otros ámbitos. De un exceso de clericalismo y visión de sí del sacerdote o ministro, como un súper hombre. De una falta de empatía, cualidad que debería ser cultivada en nuestro ámbito sacerdotal y cuya característica, ya probada en investigaciones recientes, es un buen ingrediente para la prevención del abuso sexual.

Desde luego que se exige hoy más que nunca, una evaluación profunda de la estructura psicoafectiva del candidato, ya sea con fines pedagógicos como preventivos. Las últimas directrices para la formación en la Iglesia van proponiendo la formación humana y afectiva en un contexto gradual, progresivo y acumulativo durante toda la formación y en función de una formación permanente del individuo.

Como proyecto de vida, este crecimiento psicoafectivo y sexual, está ligado también a la dimensión espiritual e interior. Esta es la que da sentido a la renuncia y al peso de la misma y sostiene una sana capacidad de saber cargar con los propios límites. De ahí que también, parafraseando al papa Francisco, se deben purificar los espiritualismos desencarnados y vivenciar una nueva sensación de “sanador herido” como parte del crecimiento propio y del entrenamiento pastoral. Porque provenimos de una cultura que tomó la sexualidad de manera muy distinta a como se encuadra en la actualidad. Y heridas hay muchas, no solo por lo que ha pasado sino por lo que está pasando.

Para nuestras instituciones vocacionales también es urgente construir algún protocolo de convivencia en el proyecto formativo, que no es en sí el proyecto formativo, sino reglas de convivencia. Eso también educa y no se debe suponer o dar por descontado.

El Consejo Asesor para la protección de niños, niñas y adolescentes y personas vulnerables está en la tarea de abordar estos temas que van más allá del derecho como tal y lo complementan, dado el tejido humano que se está poniendo en juego.

 Por:  Pbro. Hernán Alzate D.
Sacerdote Eudista

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