YO SOY EL PAN VIVO QUE HA BAJADO DEL CIELO


 Guías Homiléticas
1 agosto / XIX Domingo Ordinario	/ 1R 19, 4-8 / Sal 33 / Ef 4, 30–5, 2 / Jn 6, 41-51
Del Evangelio según san Juan

Estando en la sinagoga de Cafarnaún, los judíos empezaron a criticar a Jesús porque había dicho que Él era el pan bajado del cielo, y decían: “¿Este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros sabemos quiénes son su padre y su madre. ¿Cómo dice ahora que bajó del cielo?...”.

Palabra del Señor

El auxilio del Señor siempre está.

El primer libro de los Reyes nos narra la travesía de Elías luego de la sentencia de muerte que le declaró Jezalbel: “Que los dioses me castiguen si mañana, a la misma hora, yo no hago con tu vida lo que tú hiciste con la de ellos”. Elia tuvo que salir caminando por el desierto, pero en un momento determinado se deseó la muerte: “¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!”.

Independiente de las circunstancias que nos abrumen podemos sentir fatiga en la existencia porque hay problemas que nos roban la tranquilidad. No es de menos que la crisis económica afecten nuestra estabilidad o los problemas familiares o la partida repentina de un ser querido por el Covid-19. Pero en estos momentos de tormenta debemos nadar en nuestro interior, confrontando las olas de la desesperanza, para resguardarnos en la serenidad del espíritu. De esta manera podemos buscar la solución más adecuada en medio de las vicisitudes. El auxilio del Señor siempre está y por eso debemos ubicarnos ante su presencia para encontrar la tranquilidad que necesitamos y tomar las decisiones correctas.

La lectura nos relata: “El Ángel del Señor lo tocó y le dijo: ¡Levántate, come!” Interpretemos este mandato como una opción para priorizar nuestras necesidades y actuar ante esas adversidades con valentía. Elías necesitaba reponer fuerzas para continuar su camino y así, proteger su vida. Pensemos en medio de nuestras dificultades qué debemos priorizar para no desfallecer y continuar nuestro camino con decisión y valentía.

El Ángel del Señor se le presenta a Elías y le da el mismo mandato, pero en esta ocasión añade: “todavía te queda mucho por caminar”. Es decir, el milagro de la vida aún le faltaba por descubrirlo, le faltaba mucha vida por disfrutar.

La bondad es una característica transversal

Una solución ante las dificultades nos la brinda la segunda lectura: “Sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo”. Si tenemos discusiones familiares, por ejemplo, debemos saber reconocer el error y debemos tener la humildad requerida para presentar las excusas ante quienes hemos ofendido para que nuestro espíritu recobre la calma que necesita. La bondad es una característica transversal en nuestras relaciones públicas. Es identidad del cristiano pasar por el mundo haciendo el bien y siendo compasivos con quienes nos rodean. Mas aún con nuestros familiares y amigos. Ser buenos y compasivos es tomar las mismas actitudes de Cristo para reconciliarnos. En este domingo, la palabra del señor nos invita a sr otros Cristo en la tierra para hacer el bien a todas las personas sin importar sus preferencias políticas o religiosas porque todos somos hijos de un mismo Dios creador y Bueno.

Finalmente, el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo reúne las reflexiones propuestas en las dos lecturas. Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida (…) Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.

Anteriormente reflexionábamos en torno a la bondad y la compasión. Pues esas características son propias de Jesús y nos dice que él es el pan de la Vida. ¿Cómo podemos interpretar este mensaje?  Pues que debemos alimentarnos de buenas acciones cotidianamente. Si día a día tomamos actitudes que dañan la convivencia entre los hermanos pues somos un factor de ruptura. En cambio, si tomamos las actitudes de Cristo y nos alimentamos de esas buenas acciones estamos comiendo del pan de Cristo que alimenta buenas actitudes que armonizan nuestras relaciones con las demás personas. Permite crear lazos comunitarios y familiares fuertes para fortalecernos en medio de las diferencias y de las situaciones caóticas que se nos pueden presentar. De esta manera se nos presentará el Ángel del Señor para fortalecer nuestros ánimos caídos y tendremos la valentía necesaria para continuar en la vida caminando como lo hizo Elías en el desierto.

Concluyamos nuestra reflexión este domingo diciendo que debemos identificarnos en nuestra comunidad de vida, en nuestro círculo familiar y social viviendo las características propias de Jesús, tales como la bondad y la compasión, para fortalecer nuestro espíritu en los momentos de adversidad. La comunidad en armonía es nuestra salvación de la soledad y el abandono, construir comunidad siendo Cristo es alimentarse de la vida eterna que tendremos en abundancia.

APORTE PASTORAL

Como aporte pastoral quiero que reflexionemos en una de las virtudes de San José que nos propone el Papa Francisco en su carta Apostólica Patris Corde con motivo del 150 aniversario de la declaración de san josé como patrono de la iglesia universal:

“Padre de la valentía creativa

Si la primera etapa de toda verdadera curación interior es acoger la propia historia, es decir, hacer espacio dentro de nosotros mismos incluso para lo que no hemos elegido en nuestra vida, necesitamos añadir otra característica importante: la valentía creativa. Esta surge especialmente cuando encontramos dificultades. De hecho, cuando nos enfrentamos a un problema podemos detenernos y bajar los brazos, o podemos ingeniárnoslas de alguna manera. A veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener.

Muchas veces, leyendo los “Evangelios de la infancia”, nos preguntamos por qué Dios no intervino directa y claramente. Pero Dios actúa a través de eventos y personas. José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los comienzos de la historia de la redención. Él era el verdadero “milagro” con el que Dios salvó al Niño y a su madre. El cielo intervino confiando en la valentía creadora de este hombre, que cuando llegó a Belén y no encontró un lugar donde María pudiera dar a luz, se instaló en un establo y lo arregló hasta convertirlo en un lugar lo más acogedor posible para el Hijo de Dios que venía al mundo (cf. Lc 2,6-7). Ante el peligro inminente de Herodes, que quería matar al Niño, José fue alertado una vez más en un sueño para protegerlo, y en medio de la noche organizó la huida a Egipto (cf. Mt 2,13-14).

De una lectura superficial de estos relatos se tiene siempre la impresión de que el mundo esté a merced de los fuertes y de los poderosos, pero la “buena noticia” del Evangelio consiste en mostrar cómo, a pesar de la arrogancia y la violencia de los gobernantes terrenales, Dios siempre encuentra un camino para cumplir su plan de salvación. Incluso nuestra vida parece a veces que está en manos de fuerzas superiores, pero el Evangelio nos dice que Dios siempre logra salvar lo que es importante, con la condición de que tengamos la misma valentía creativa del carpintero de Nazaret, que sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia.”

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm 
Sacerdote Eudista

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