EL QUE VIENE A MÍ NO PASARÁ HAMBRE


 Guías Homiléticas
1 agosto / XVIII Domingo Ordinario	/ Ex 16, 2-4.12-15 / Sal 77 / Ef 4, 17.20-24 / Jn 6, 24-35
Del Evangelio según san Juan

Después que Jesús dio de comer a la multitud, vieron que no estaba Él allí ni tampoco sus discípulos, y subieron a las barcas y se fueron a Cafarnaún a buscar a Jesús...”.

Palabra del Señor

La tentación de volver atrás

Cuenta el libro del Éxodo que, pasado el mar Rojo, cuando comenzaron las primeras dificultades para encontrar comida, «la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés…, diciendo: ¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos»! El hambre restó valor a la libertad, recién alcanzada, y al recordar el pasado, la humillación de la esclavitud pasó a un segundo término, desplazada por el recuerdo de las ollas llenas de carne y el pan en abundancia. Entonces, sigue contando el libro del Éxodo, Dios hizo llover una sustancia blanca a la que los israelitas llamaron «maná» y que sabía a galletas de miel (Ex 16,31). Gracias a aquel alimento no se detuvo la marcha hacia la libertad. A los israelitas nunca les faltó la comida porque, aunque siguieron protestando (Ex 17,1-7), Dios no abandonó nunca al pueblo que había liberado. La tentación de volver atrás se repitió (Nm 11,1-9), pero Dios no permitió que el proceso de liberación, recién iniciado, fracasara, y los sació con aquel pan llovido del cielo (Ex 16,4.15; Neh 9,15) para que la falta de alimento material no apagara el hambre de libertad.

Renovados por el Espíritu Santo

La segunda lectura continuada de la carta a los Efesios pide a los creyentes que se dejen renovar por el Espíritu Santo y pasen de un modo de obrar no digno del ser humano, a un modo de obrar digno de quien tiene fe en Cristo. Pide que abandonemos nuestro estilo anterior de vida pecaminosa y marchemos en adelante por un nuevo camino de vida cristiana. Se nos invita a no dejarnos guiar por esta “vaciedad de criterios”. En estos pocos versículos continúa la exhortación a buscar la unidad y a vivir dignamente la propia vida cristiana, guiada y fundamentada en un verdadero conocimiento de Cristo. Pablo desarrolla este argumento jugando con la antítesis del ser humano viejo y el ser humano nuevo (Col 3,9-10; 1Cor 5,7-8). Elegir la novedad, lo nuevo, es elegir a Cristo. Esto significa romper con el viejo ser humano pecaminoso, con el pecado del mundo, para estar dispuestos a una continua renovación en el Espíritu, a vivir en la justicia y santidad y ser justos y rectos. Este texto es una clara respuesta a quienes piensan que el cristianismo simplemente es una cosa del pasado

El pan de cada día

Al terminar el reparto de los panes y los peces, Jesús se marchó solo al monte para evitar que lo hicieran rey; pero al día siguiente la gente lo busca porque con él, piensa, está resuelto el problema básico de su vida. Es una reacción comprensible en quienes no tenían asegurado el pan de cada día. Este mensaje tiene varias claves de lectura que quiero destacar de la siguiente manera.

En Clave de Discipulado, porque todo el evangelio de san Juan debemos leerlo en clave de seguimiento del Señor, recordemos que el evangelio de san Juan nos invita a conocer la identidad y misión de Jesús, pues él es que nos orienta y nos va delineado la calidad de nuestro seguimiento, pienso que este evangelio es cíclico, porque algunos temas como el seguimiento es uno de esos donde se repiten los temas, pero desde la clave de seguir al Maestro. Tiempo, lugar y espacio geográfico: Aquella noche, los discípulos habían intentado separarse de Jesús. La gente, en cambio, había permanecido en el mismo lugar; querían continuar en la situación que había puesto remedio a su indigencia. Pero ellos desean encontrar de nuevo a Jesús. Me parece que lo fundamental es dejarse encontrar una vez mas por el Maestro, pero las preguntas normales que nos hacemos al retomar este texto desde nuestra clave del lectura es ¿que busca la gente y los discípulos? ¿por qué ellos intentas separarse del Señor? Son varias las respuestas, será que no están felices o contentos con lo que ha hecho el Señor, están desilusionados, el Mesías esperado ya no es… pero lo cierto es que no podemos hacer conjeturas del Evangelio, lo mejor forma de analizar el texto es con el contexto, si ellos no entran en la barca, no participan por una intención teológica, es la eterna búsqueda del hombre al Señor y viceversa, a veces nos resulta paradójico que el Señor nos busque nos encuentre, a veces nosotros lo buscamos, pero lo cierto es que no podemos escapar ante su presencia, ni podemos hacernos los locos e incluso nos resulta difícil comprenderlo, pero lo cierto es que eso cuesta a los cercanos, mantenerse fiel, a quien no le ha costado mantenerse en el seguimiento o incluso sentimos que el mismo nos purifica de nuestras intenciones no tan buenas al principio. Esas tendencias que no son dignas deben ser trabajas en un momento de soledad de nuestra vida, por ejemplo, si no sanamos en nuestra soledad, si no aprendemos a querernos cuando estamos solos, entonces nos resulta difícil que él nos reconcilie y nos sane, al mismo tiempo que va purificando nuestras intenciones. En esta misma primera clave, me parece oportuno reconocer que ellos en un principio lo llaman Rabbi, Maestro según el contexto religioso, pero es interesante que acá no es el Maestro quien llama, sino son los discípulos quienes lo buscan al Maestro.

El servicio como entrega personal

La acción de gracias: “acción de gracias” se dice en griego “eukharistía”, todo hace referencia a un clima de fe, de entrega de amor e incluso de sabernos sin nada ante el Señor que se nos da como don y regalo, en un mundo donde todo “vale” o “cuesta” el Señor está dando gracias a su Padre porque se nos da desinteresadamente y como gratuidad, este signo debemos destacarlo hoy, porque en medio de un mundo materialista, el Señor nos enseña a compartir nuestra poquedad y El mismo se entrega como don . – El título el Señor indica que el evangelista está leyendo el episodio desde la praxis eucarística de la comunidad. Este título es una clara referencia a su cercanía de confianza absoluta en aquel que todo lo da y al mismo tiempo en la práctica que se vivía. – Partir, compartir y repartir el pan: Repartirles el pan había sido una invitación a la generosidad. No era solamente darles algo (el pan material, podemos nosotros dar algo con interés o podemos darlo con generosidad), sino que expresaba con el servicio la entrega de la persona, en este caso de Jesús que da su vida por todos, lo que pasa es que nosotros debemos comprender que la comida no es un simple dar pan material. El evangelio llega a varias direcciones de entrega veamos: – Del reunirse a buscar al Señor – De buscarlo a encontrarlo (se Señor se oculta y se muestra). Del anuncio de purificar su búsqueda de discípulos de buscar el alimento perecedero a que busquen la vida eterna.

Yo soy el pan de la vida

Él es el pan de vida, la respuesta de Jesús es tajante: el maná no era pan del cielo; es además cosa del pasado. El pan de Dios es cosa del presente y consiste en una comunicación incesante de vida que él hace al mundo. Como el maná llovía de lo alto, este pan baja del cielo, pero sin cesar; y no se limita a dar vida a un pueblo; da vida a toda la humanidad. Como se ha visto en el episodio precedente, el pan expresa el amor de Dios creador; el pan del cielo es una manifestación de ese amor superior a la del pan material. La multitud manifiesta su deseo de ese pan. Llaman a Jesús “Señor”, creen en sus palabras, adivinan que puede satisfacer todos sus anhelos. Con respeto le piden su pan, pero no se comprometen al trabajo; no acaban de darle su adhesión. Siguen en su actitud pasiva, dependiente; quieren recibir el pan sin propio esfuerzo (danos siempre pan de ése), encontrar la solución sin su colaboración personal. Jesús se había presentado como dador de pan; ahora se identifica él mismo con el pan (Yo soy el pan de la vida). Él es el don continuo del amor del Padre a la humanidad. Comer ese pan significa dar la adhesión a Jesús, asimilarse a él; es la misma actividad formulada antes en términos de trabajo (vv. 27.29). La unión a él comunica a los hombres la vida de Dios. Él es el alimento que Dios ofrece a los hombres, con el que se obtiene la calidad de vida que los encamina a su plenitud. Los invito a que este Domingo reflexionemos sobre el sentido de la vida, la vida que el Señor nos regala, su Identidad y sus obras, su congruencia entre otros temas que a nivel pastoral pueden ayudar a orientar nuestras practicas pastorales.

Aporte pastoral

San Juan de la Cruz habla con una monja en el locutorio de su convento en Beas. Es una monjita lega, humilde y sencilla, que le hace un pregunta un tanto infantil: ¿por qué, padre, cuando paso por una balsa de agua que tiene la huerta, las ranas que están a la orilla saltan al agua y se hunden en el fondo de la balsa? El santo sonríe ante su ingenuidad y aprovecha para darle una lección provechosa: Mira, hija, las ranas saltan al agua porque allí tienen su seguridad y su defensa; allí no temen a los enemigos. Haz tú lo mismo: cuando veas que se acerca una creatura, zambúllete en Dios. Allí estarás segura y tranquila y nadie podrá hacerte daño. (Mauricio Rufino, Vademécum de Ejemplos Predicables, Ed. Herder, Barcelona, 1962).

Por: Pbro. Wilson Javier Sossa López, cjm 
Sacerdote Eudista

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