“SER-VIVIR-ACTUAR EN LA PARROQUIA DEL S. XXI”


LA PARROQUIA, HOY

Mons. Raúl Berzosa*

Estamos al inicio del nuevo curso pastoral. Es oportuno y necesario hablar de la comunidad parroquial.

“La parroquia es la presencia de la Iglesia en medio del pueblo y de la ciudad” (San Juan Pablo II).

1. Una pregunta, como punto de partida

A la segunda pregunta, si la parroquia sigue teniendo vigencia hoy, respondemos con el papa Francisco: “La parroquia no es una estructura caduca… Aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora, si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo “la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas” (Evangelii Gaudium, n. 28). La parroquia es la imagen más pública de la Iglesia, su rostro más visible y cercano. Con palabras del papa Juan Pablo II, “la parroquia es la presencia de la Iglesia en medio del pueblo y de la ciudad”. Para la mayoría de los bautizados es el lugar y el ámbito en donde lo cristiano y eclesial se hace más accesible y más experimentable. Para la mayoría de los no creyentes es en gran medida la referencia concreta, y casi única, que pueden tener de la Iglesia. De ahí su importancia y relevancia.

2. Algunos retos concretos en la pastoral ordinaria de la parroquia

            Sin grandes teorías, me atrevo a subrayar algunos problemas cotidianos y concretos de nuestras parroquias:

a. Existe un número creciente de familias que, al no estar presionadas por el ambiente, no sienten ya la necesidad o se descuidan a la hora de pedir el sacramento del Bautismo para sus hijos. Habrá que poner en marcha nuevas iniciativas pastorales para llegar a dichas familias. En cuanto a la disminución de niños bautizados, tanto por baja natalidad como por “alejamiento de los padres”, viene compensado en cierta medida por la inmigración latinoamericana, mayoritariamente católica. Nos reta a una adecuada atención pastoral.

b. La Primera Comunión para muchos niños, casi resulta la única.

c. La Confirmación se encuentra en plena decadencia, ya no es el final del ciclo. Se interfiere con el reto permanente de la pastoral juvenil.

d. Revalorizar el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación, en varias dimensiones: recuperar el sentido del pecado, preparar comunitariamente a dicho sacramento –que no equivale a absolución colectiva– en tiempos litúrgicos fuertes (ej. Adviento y Cuaresma…) y tener una mayor disponibilidad por parte de los sacerdotes para atender de forma adecuada dicho sacramento.

e. En el sacramento del matrimonio hacer posible una preparación no solo suficiente sino apropiada y personalizada. Además, no solo una pastoral inmediata, sino más remota.

f. En el tema de la unción de enfermos, atención a los enfermos y personas mayores (tanto en casa como en las residencias y hospitales) y, llegado el momento, una verdadera pastoral de exequias.

g. Urge, así mismo, la recuperación del Domingo como día del Señor y como día de la comunidad. Y, en este sentido, la atención adecuada a quienes, cada vez más, realizan el éxodo del fin de semana y durante diversas estaciones del año, a otras parroquias que no son las de su domicilio laboral y ordinario.

h. En el horizonte, una pastoral familiar integral, con verdadero protagonismo de la tres familias y desarrollando los tres grandes momentos de toda acción pastoral: misionera, catecumenal y comunitaria.

i. Sin descuidar una pastoral vocacional auténtica. En el catolicismo, el Sacramento de la Eucaristía es el culmen de la vida cristiana. Si no existen ministros que celebren nuestras comunidades se convertirán en “comunidades de la Palabra” y, a la larga, se “protestantizan”, como puede suceder en algunas tierras de misión o primera evangelización.

j. Cada vez cobra más importancia la atención a los más necesitados, a los marginados y excluidos. En este sentido, hay que detectar con realismo y valentía las nuevas pobrezas de hoy.

k. Y, en el horizonte, el reto del “planeta joven”, los tecno-líquidos, que son, como termómetros y esponjas, y forman parte del mundo de los alejados y de las periferias. Se ha hablado de la primera generación juvenil no cristiana.Según los datos aportados por la Fundación Santa María, referentes a los últimos estudios sobre los jóvenes –entre 15 y 24 años–, se deduce que es la primera generación de jóvenes que no han sido socializados religiosamente, y que no solo saben poco o casi nada de la fe o de la cultura religiosa, sino que tampoco sienten necesidad de acercarse a ella. Estamos en “tierra de misión”.  

3. ¿Qué tipologías de parroquias se han dado entre nosotros, en estos últimos años?…

a. Parroquia “Preconciliar” o de “pastoral de cristiandad”

  • Su misión principal era el culto, lo sagrado.
  • Importaba más el número y la masa que la comunidad.
  • No existía proyecto pastoral propiamente hablando.
  • La catequesis era principalmente para los sacramentos.
  • La responsabilidad recaía en el sacerdote.
  • Lo social se entendía solo como caridad.
  • No había consejos parroquiales.
  • Los laicos eran sujetos más bien pasivos.

b. Parroquia “conciliar” o de conservación renovada

  • Se reconoce la necesidad de un cambio, de una renovación.
  • Se da predilección a la catequesis y al culto, pero con un lenguaje teológico renovado y más bíblico.
  • Se da mucha importancia a la formación para los jóvenes que se confirman.
  • Se ofrecen servicios religiosos más dignos y cómodos.
  • Se preocupa por los pobres, principalmente de tipo caritativo.
  • Se viven eucaristías más participadas, con intervención de laicos.
  • Se tiene un mínimo proyecto pastoral.
  • Se toma al párroco como el responsable último, aunque se rodea de un grupo de laicos competentes.
  • Se inician en el seno de la parroquia un cierto número de grupos con diversos carismas y ministerios.
  • Se da más de tipo caritativo que promocional el compromiso social.
  • Se tiene insuficiente conocimiento de la realidad y del compromiso a largo plazo.

c. Modelo “postconciliar” de parroquia

  • De clara pastoral de misión y de nueva evangelización (“pastoral de la zapatilla, del éxodo, de la salida”).
  • Corresponsabilidad real de los laicos en todas sus dimensiones consejos, celebraciones, catequesis y anuncio, diaconal y de compromiso.
  • Insertada en el contexto social, compartiendo problemas sociales de su entorno
  • Necesaria programación pastoral.
  • Coexisten grupos diversos con sus carismas y espiritualidades, siendo comunidad  de comunidades.
  • Mucha importancia a la evangelización y catequesis de todos (también de los adultos).
  • Clara conciencia diocesana; muy abierta y de colaboración estrecha con los arciprestazgos, y con otros organismos diocesanos de pastoral (delegaciones y secretariados)
  • Parroquia como comunidad que comparte vida, dones, bienes, caminos y mesa (M. Legido).
  • Lo más importante de la parroquia, como de la Iglesia misma es hacer presente el misterio integral de Cristo: Trinidad, Reino, cuatro munus u oficios (sacerdote, rey, profeta, sanador-salvador).
  • La parroquia no tiene sentido, además, sin una sana eclesiología. “Misterio de comunión para la misión”.Se ha escrito con acierto que la parroquia es, al mismo tiempo, hogar (donde todos nos sentimos a gusto), escuela (donde todos aprendemos de todos); taller (donde una y otra vez experimentamos nuevos métodos de evangelización), y pórtico (diálogo con los gentiles). También se habla de la parroquia como familia (a imagen de la familia de la Trinidad), casa (donde se reúnen los Hijos de Dios y hermanos de Jesucristo), mesa (donde compartimos nuestra vida y celebramos los sacramentos) y calle (porque quiere anunciar lo mejor de lo que experimentamos y hacer realidad un compromiso samaritano).

d. Necesitamos una nueva mentalidad parroquial…

  • Parroquia diocesana, no feudal o autónoma.
  • Comunidad de seguidores de Jesús, en lugar de estación de servicios puntuales.
  • Conversión permanente, personal y comunitaria, en lugar de  instalación.
  • Comunidad de comunidades vivas y responsables, en lugar de masa amorfa.
  • Corresponsabilidad de todos, en lugar de clericalismo.
  • Pastoral de misión y de evangelización, en lugar de mantenimiento e instalación.
  • Apertura a lo social, en lugar de ghetto cerrado.
  • Corresponsabilidad comunitaria, en lugar de religiosidad sociológica.
  • Confianza en el Espíritu, en lugar de miedo, resignación, inhibición e inercia.
  • Comunidad de Bienaventuranzas, en lugar de privilegios, poderes o prestigio.

e. Se necesitan, también, nuevas actitudes… ¡En todos!

  • Del culto al “yo”, al sentido comunitario y fraterno.
  • De la incomunicación a la apertura, personal y comunitaria.
  • De la obsesión por la eficacia (el hacer cosas), a la preocupación por la pedagogía de iniciación cristiana (hacer personas y comunidades).
  • Del egoísmo (lo mío), a la generosidad de compartir.
  • De la enemistad, envidia, recelo y confrontación, a la estima, confianza y cercanía.
  • De la amargura de la crítica sistemática, negativa y destructiva, a la corrección fraterna y ayuda mutua.
  • Del miedo al futuro, a la confianza en el Espíritu.
  • Del protagonismo personal o de mi grupo, al servicio generoso. Todo ello con buena dosis de amor, humor y paciencia, y fuerte vida en el Espíritu.
  • Se hace necesaria la participación corresponsable de los laicos en la parroquia, con sus ministerios, carismas y funciones.

–Necesitamos párrocos “servidores” y renovados; Servidores “del misterio”: “solo los hombres y mujeres tocados por Dios, son capaces de abrir la mente y el corazón de sus contemporáneos a las cosas de Dios” (Benedicto XVI). Servidores de “la comunión”: favorecedor de equipos apostólicos, corresponsable de la vida consagrada y de los nuevos movimientos y formas eclesiales, potenciador de ministerios laical. Servidores de “la misión”: parroquia de puertas abiertas, favorecedor del diálogo fe-cultura, opción preferencial por los más pobres, favorecedor de las nuevas tecnologías de comunicación.

Necesitamos “cristianos convertidos”. Algunas claves para una “visión antropológica” actual, capaz de hacer posibles hombres y mujeres nuevos para una comunidad parroquial moderna, en el siglo XXI: “Jesucristo en el corazón; la cabeza en la Vida Eterna; los pies, pisando tierra sin estancarte en el fango; las manos, una para recibir cada día al Señor en la Eucaristía y, la otra, para acariciar y abrazar a los más pobres; los ojos, uno para leer el Evangelio y la lectio divina cotidiana y, otro, para la lectura de Evangelii Gaudium del papa Francisco; los oídos, uno para escuchar las voces más cercanas y, otro, para la catolicidad; la nariz, bien limpia, para olfatear los nuevos signos de los tiempos; los pulmones, uno, para la oración personal y de alcoba y, otro, para la oración comunitaria y litúrgica; y, la boca, no para maldecir, criticar o ser ‘profeta de calamidades’, sino para bendecir (‘bien decir’), alabar, dar gracias y adorar”.

Una brújula que orientará a todos y a todo: Norte: Hablar de “tú a tú con Jesucristo (creer en Alguien, no en algo). Sur: Conversión de vida en las pequeñas y grandes cosas. Este: comunidad, porque no se puede vivir el cristianismo “por libre y en solitario”. Oeste: convertirme en testigo-misionero y en comprometido con los más pobres.

¡Se lo pedimos al Espíritu Santo para que renueve testigos y comunidades en esta hora apasionante de la Iglesia!

+ Mons. Raúl Berzosa, Obispo de Ciudad Rodrigo (Salamanca – España)


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